HOMILIAS: XXXI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO. CICLO A. 30 DE OCTUBRE, 2011

Posted on 27 octubre, 2011

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HOMILIAS: xxxi DOMINGO TIEMPO ORDINARIO. CICLO A. 30 DE OCTUBRE, 2011

1.- CONSEJOS VENDO, PERO PARA MÍ NO TENGO

Por Gabriel González del Estal

1.- Ellos no hacen lo que dicen. Esta frase la aplica Jesús a los letrados y fariseos que se han sentado en la cátedra de Moisés. Una acepción de la palabra “fariseo” es la de hipócrita y se aplica a una persona que dice una cosa y hace otra. El fariseo, el hipócrita, es, además, mentiroso, porque dice las cosas con intención de engañar, para que los demás crean que es lo que no es. Realmente, aún hoy día, entre nosotros llamar a una persona fariseo es llamarle hipócrita y mentiroso. Dejando a un lado a los fariseos del tiempo de Jesús, la pregunta que debemos hacernos hoy día nosotros, los que nos llamamos seguidores de Cristo, cristianos, es esta: ¿tienen motivos suficientes los no cristianos para llamarnos a los cristianos fariseos e hipócritas? ¿Tienen razón los que afirman que la Iglesia de Cristo, también en sus más altas jerarquías, es una Iglesia farisea? Me imagino que las respuestas serán variadas y dispares, pero es, sin duda, muy importante que los que formamos la Iglesia de Cristo nos esforcemos para que nadie pueda acusarnos de disonancia y contradicción entre los que decimos y lo que hacemos. Que podemos estar equivocados, vale, pero que no somos fariseos o hipócritas, porque ni tenemos intención de engañar, ni hacemos lo contrario de lo que decimos. Yo creo que es bueno que todos los cristianos nos hagamos más de una vez esta pregunta: ¿en las manifestaciones externas de mi vida cristiana, soy fariseo e hipócrita? ¿Soy consecuente entre lo que digo creer y lo que realmente hago?

2.- El primero entre vosotros será vuestro servidor. Jesús sigue insistiendo en la actitud que deben tener sus seguidores frente a las actitudes que adoptan en sus manifestaciones externas los letrados y los fariseos. Estos –dice- todo lo hacen para lucirse ante la gente, para que la gente les llame “maestros” y les hagan reverencias por la calle. Jesús les dice a sus discípulos que no imiten a los fariseos, sino que, más bien, hagan lo contrario de lo que ellos hacen: que no se dejen llamar maestros, ni padres, ni jefes, que el que quiera ser primero, se esfuerce por ser el primero en servir. Así quiere Jesús que la gente vea a sus discípulos. Una vez más, la pregunta: ¿la gente nos ve así? ¿Nosotros somos realmente así, somos los primeros en servir? No estaría mal que nosotros, los cristianos, la Iglesia de Cristo, nos hiciéramos, de vez en cuando, este test, para saber si estamos siendo fieles al mandamiento y a los consejos evangélicos que Jesús nos dio en su evangelio.

3.- Ahora os toca a vosotros, sacerdotes. Ahora el que habla es Dios a través de su profeta Malaquías. Es el último de los profetas menores que aparece en la Biblia y su texto tiene poco más de dos páginas. Es un texto dirigido a los sacerdotes, a quienes acusa de no buscar la gloria de Dios, sino su propia gloria, aplicando la ley con absoluta parcialidad, no con justicia y equidad. Todos, dice el profeta, tenemos un solo Padre y debemos portarnos todos, unos con otros, como hermanos. El texto nos sirve de reflexión a los sacerdotes en primer lugar y, extensivamente, a todos, en nuestras relaciones con los demás. El mandamiento de Jesús de amarnos mutuamente es un mandamiento universal.

4.- Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros… hasta nuestras propias personas. Realmente son emotivas y maravillosas estas frases que San Pablo dirige a los tesalonicenses. Igualmente, pensamos nosotros, sería maravilloso que las relaciones mutuas entre catequistas y catequizandos, en general, estuvieran siempre presididas por un amor sincero y generoso. Cuando es el amor el que sostiene y dirige la educación y las relaciones personales, en general, los frutos de la educación son abundantes. El mayor enemigo de la educación y de todas las relaciones personales suelen ser el egoísmo, la indiferencia y, en general, la falta de comprensión y amor mutuo.


2.- HABLAR COMO TESTIGOS Y NO COMO MAESTROS

Por Pedro Juan Díaz

1.- Ahora está muy de moda la palabra “indignados” y hoy se la podríamos aplicar tanto a Malaquías, en la primera lectura, como a Jesús, en el evangelio. Ambos nos advierten de la tentación de aparentar lo que no somos y que eso vaya en perjuicio de los demás hermanos, de la fraternidad en la comunidad cristiana, y de la confianza a nivel social. Indignado es alguien que está muy enfadado o disgustado por algo que considera injusto, ofensivo o perjudicial. Malaquías está indignado porque los primeros que deberían defender la justicia y el verdadero culto a Dios, son los que están haciendo todo lo contrario (en este caso, los sacerdotes). Jesús está indignado porque ve a su alrededor falsas muestras de religiosidad, que amargan la vida a la gente con “fardos pesados e insoportables”, en vez de anunciar a un Dios que es Padre-Madre y que busca relaciones fraternas entre sus hijos e hijas.

2.- En el fondo, es una denuncia para prevenirnos de no quedarnos en las apariencias, en lo exterior, en las formas, los títulos, los cargos y las rentas, para conseguir prestigio, distinción y puestos de privilegio. Es una denuncia hecha a los fariseos, a los maestros de la ley, a los sacerdotes, pero también es una advertencia a la Iglesia de hoy, a todos nosotros, a las comunidades cristianas, para que no caigamos en lo mismo. Y, desgraciadamente, tenemos mucho que revisar en ese sentido.

3.- Jesús nos hace ver que nosotros, los creyentes de hoy, hemos de ser y de actuar de manera diferente a como lo hacen los escribas y fariseos de nuestra sociedad actual, y lo hace con ejemplos concretos: “no os dejéis llamar maestros”, sino que vuestra enseñanza sea el testimonio de vuestra vida, es decir, hablad como testigos y no como maestros; “no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra”, sino vivid como hijos e hijas de un solo y único Padre, y trataros entre vosotros como hermanos y hermanas; “no os dejéis llamar jefes”, sino que en vez de súbditos y señores, que haya relaciones entre vosotros de hermanos y servidores unos de otros; “el primero entre vosotros será vuestro servidor”; “el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. Este testimonio de vida, fraterna y servicial, en la comunidad cristiana, y también en nuestras familias y en la sociedad, hará que recuperemos la confianza de mucha gente que la ha perdido porque sólo ha visto en nosotros incoherencias. Y ayudará a mostrar a un Dios que es Padre de todos y que nos quiere a todos como a hijos e hijas suyos.

4.- Tenemos el ejemplo y el testimonio de Pablo, que trató a los de Tesalónica con un cariño maternal, dispuesto a dar su vida por aquellas gentes, a las que amó y anunció una Palabra que ellos acogieron como Palabra de Dios, viva por la acción del Espíritu Santo, que obra en nuestros corazones para que conozcamos a Dios, le amemos más y le sigamos más de cerca. Esa misma Palabra de Dios viva es la que nosotros escuchamos hoy, actualizada, como respuesta para nuestra vida. No es un recuerdo de un texto muerto. La Palabra que leemos es una Buena Noticia que nos habla de Cristo, su vida, sus obras, su persona, su pasión, su muerte y su resurrección. Esa Palabra, en la medida en la que la dejemos entrar en nuestro corazón y en nuestra vida, es la que dará un testimonio coherente y convincente para tanta gente alejada e indignada.

5.- Que no se diga de nosotros que somos de los que “dicen y no hacen”. Que nuestro testimonio sea de verdaderos creyentes, que escuchan el evangelio como Palabra viva y actualizada de Dios para cada persona, y lo llevan a la vida de cada día. Que no digan eso de “mucho ir a Misa, pero luego ná de ná”. Que salgamos de la Eucaristía llenos de Jesucristo, que es Buena Noticia para todos, y que “contagiemos” a los demás hermanos y hermanas con su mensaje de amor y de felicidad.


3.- DECIMOS…Y HACEMOS

Por José María Martín OSA

1.- Un solo Padre, un solo Señor. Malaquías recuerda al pueblo de Israel que Dios es Creador y Padre. Es el autor de la Alianza en el Sinaí, por la que el pueblo llegó a ser una comunidad religiosa, cuyos miembros deben tratarse como hermanos. La fidelidad a Dios es el fundamento del respeto y el amor entre los israelitas. Sin embargo, a pesar de la experiencia del exilio y tras la reconstrucción del Templo, los sacerdotes son cómplices de la explotación del hombre por el hombre, la arbitrariedad y la injusticia. Esto una profanación de la Alianza y lleva consigo el desprestigio de quienes debieran respetarla en primer lugar.

2.- Poner amor en el anuncio del evangelio. Pablo da gracias a Dios por la fe de los Tesalonicenses y la acogida que le dispensaron. El les recuerda el cariño que puso en su evangelización. En vez de darse importancia y hacer valer su autoridad, incluso para vivir a expensas de los tesalonicenses, ha preferido tratarles con el amor y la solicitud de una madre que se desvive por sus hijos. Aunque Pablo defiende el derecho de los apóstoles a vivir de la predicación evangélica, él mismo y sus cooperadores renunciaron siempre a ser mantenidos por los recién convertidos al Evangelio. Su predicación quedaba así a salvo de toda sospecha de lucro. Pablo acepta de buen grado las fatigas de un trabajo necesario para subsistir sin ser gravoso a los tesalonicenses.

3.- Actuar con humildad y sin hipocresía. Jesús dirige la palabra a los discípulos y al pueblo para denunciar la conducta de escribas y fariseos y prevenirlos de su mala influencia. San Mateo, inmediatamente después del presente relato, recoge la invectiva que pronuncia Jesús directamente contra los escribas y fariseos. En efecto, habían creado un fárrago legislativo en torno a la Ley para regularla hasta los más mínimos detalles. Esto constituía una carga insoportable que ni ellos mismos cumplían. Jesús denuncia la hipocresía de estos “maestros” que no ayudan en absoluto a llevar la carga que imponen a los demás indebidamente, y contrapone a esa carga innecesaria el “yugo suave y la carga ligera” del Evangelio. Se hacían llamar “rabí”, es decir, “maestro mío”; un título que llegó a conferirse solemnemente. También se hacían llamar “padre” y “preceptores”. Jesús critica todo ese interés en encumbrarse sobre los demás, pues uno es nuestro Padre y, todos, nuestros hermanos. La crítica de Jesús a letrados y fariseos alcanza literalmente a todo clericalismo, también de nuestros días, pues hoy podemos caer en lo mismo que Jesús critica.

4.- Decir y hacer. Si quiero ser discípulo de Jesucristo, si quiero seguirle y que le sigan los demás, he de dar primero buen ejemplo. ¿Cómo voy a explicar a los demás que el trabajo y el estudio son medios de santificación, si luego no tengo prestigio profesional, si hago las cosas de cualquier manera, o me conformo con cumplir los mínimos o ir aprobando? Y no sólo en el trabajo, sino también en mi relación con los demás, en el uso de los bienes materiales, en las diversiones, en el descanso, en las dificultades, etc. San Agustín nos aconseja: “Cualquiera que sea yo, atiende a lo que se dice no por quién se dice… Si hablo cosas buenas y las hago imítame; si no hago lo que digo, tienes el consejo del Señor: haz lo que digo, no hagas lo que hago, pero no te apartes de la cátedra católica”.

 

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