HOMILIAS: INMACULADA CONCEPCION DE LA VIRGEN MARÍA. 8 DE DICIEMBRE, 2011

Posted on 7 diciembre, 2011

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HOMILIAS: INMACULADA CONCEPCION DE LA VIRGEN María. 8 DE DICIEMBRE, 2011

1.- HÁGASE

Por Pedro Juan Díaz

1.- En este adviento en el que nos estamos preparando para el nacimiento de Jesús, es lógico dedicarle un tiempo a la que va a ser su madre, la Virgen María, personaje importantísimo en este tiempo, no solo por su maternidad, sino por su condición de discípula. Este texto del evangelio es conocido por todos, seguro que lo hemos leído y escuchado más de una vez. Pero lo bonito de acercarse a la Palabra de Dios con sencillez es que siempre nos sorprende, porque nunca se agota. Dios siempre tiene algo que decirnos, aunque nos sepamos el texto de memoria.

2.- La Virgen María está en su casa, atareada con sus cosas, y tiene una fuerte experiencia de Dios, que se comunica con ella a través de su Ángel. Dios entra en su vida cotidiana para comunicarse con ella y para quedarse a formar parte de su vida para siempre. La vocación, la llamada que recibe María, se concreta en que va a ser la Madre de Jesús. Y el Espíritu Santo estará con ella, como también está con nosotros, para darle la fuerza y las capacidades necesarias para llevar adelante esa vocación, ese plan que Dios tiene para ella. Pero para que esa maternidad se haga posible, María primero tiene que responder a esa llamada como discípula, es decir, tiene que dar un SI a Dios, en primer lugar, para que pueda concretarse en su maternidad, en segundo lugar. Y esa respuesta afirmativa se resume en una palabra: “HÁGASE”.

3- ¿Qué es lo que tiene que “hacerse”? Lo que se ha de hacer es la Palabra de Dios. La Palabra se ha de hacer vida en María. María es discípula antes que madre porque escucha y acoge la Palabra de Dios y hace posible que se “haga”, que se cumpla: “hágase en mi según tu Palabra”. Jesús, más tarde, ante los halagos hacia su madre contestará aquello de “dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”, porque eso es lo que define verdaderamente a su madre, que ha escuchado como discípula la Palabra, y la ha hecho vida en ella, convirtiéndose en la Madre de Dios.

4.- Cada vez que escuchamos la Palabra de Dios, es Dios mismo quien nos habla al corazón, quien nos llama y nos invita a responder, quien nos pide que acojamos en nuestra vida su Palabra. Nosotros también somos discípulos, como ella, y María nos enseña a responder, a que también digamos, como ella, “hágase”, que se cumpla en mi vida tu Palabra. Y ya sabemos que la llamada de Dios y la Palabra de Dios encierran un proyecto de felicidad para las personas, para nosotros.

5.- María es la mujer creyente que nos dice con su vida que el proyecto de Dios es posible hacerlo vida, que no hace falta ser súper-hombres o súper-mujeres para ser cristianos, para ser discípulos, sino simplemente confiar, tener fe, abrirnos a Dios y dejar que Él HAGA lo que tenga que hacer. Sabemos que eso no es fácil, porque tenemos nuestras resistencias. Pero María hoy nos sale al encuentro como modelo de discípula, como testimonio de vida. María es la discípula perfecta. Nosotros, a pesar de nuestras imperfecciones (que las tenemos, como hemos podido ver en la primera lectura del Génesis), también estamos llamados a responder como ella, como discípulos. Y Dios nos fortalece para que podamos hacerlo. San Pablo decía en la segunda lectura que Dios “nos ha bendecido en la persona de Cristo” con todos los bienes posibles para que podamos responder con generosidad a su llamada, que “nos eligió en la persona de Cristo” para ser como María, santos, irreprochables… por amor, y que “nos ha destinado en la persona de Cristo” a ser también hijos suyos, y a tener a María por Madre y Modelo de Discípula.

6.- María, como discípula, paso también por el sufrimiento de ver a su hijo en la Cruz, de tener que enterrarlo como un malhechor. Pero también acogió con gozo, la primera, el anuncio de la resurrección y fue a compartirlo con los que ya eran también sus otros hijos, los apóstoles, la Iglesia. María se mantuvo unida a ellos, en la oración y en la fracción del pan. Y también permanece unida siempre a la Iglesia cuando celebramos la Eucaristía. Que María nos siga enseñando a responder en nuestra vida como discípulos de Jesús.


2.- PURA, INOCENTE, SANTA, INMACULADA

Por Antonio García Moreno

1.- MADRE DE LOS QUE VIVEN.- “El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven” (Gn 3, 20) El nombre en la Biblia define a la persona nombrada. De tal forma que ultrajar ese nombre es ofender a la persona llamada con él. Muchas veces es una descripción perfecta del destino de dicha persona. En el caso de nuestro primer padre, al hombre le llama Adán, nombre que significa tierra roja o barro, y a la primera mujer la llama Eva que significa la que da la vida, la que es madre de cuantos viven.

El demonio la engañó y ella engañó al hombre, instigándole a cometer el primer pecado, llamado original por cometerse en el origen de la Historia. Ese pecado pasó a la descendencia de Adán y Eva. Es decir, todos los humanos nacen con dicho pecado. Sin embargo, hubo una excepción, vaticinada de alguna forma en este relato cuando se dice que la serpiente es pisada por la estirpe de la mujer. En ese momento se entrevé la figura de María Inmaculada, concebida sin mancha de pecado original, en previsión de los méritos de Cristo.

2.- LLAMADOS A LA SANTIDAD.- “Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por amor” (Ef 1, 4) En la fiesta de María Inmaculada se nos recuerda que también nosotros, como nuestra Madre, hemos de ser santos e irreprochables. Ese es proyecto que nuestro Dios y Señor tuvo desde siempre sobre cada uno de los hombres. Todos, sin excepción alguna, estamos por tanto llamados a la santidad. Y a serlo no a los ojos de los hombres, sino ante la mirada amorosa de nuestro Padre Dios.

A esto estamos destinados, insiste el Apóstol, por decisión del que lo hace todo según su voluntad. Esta verdad llena de gozo a San Pablo que comienza su carta a los Efesios alabando al Señor y recordando que nosotros, si somos fieles a la llamada divina, también seremos una alabanza de su gloria. Intentemos de nuevo ser santos de verdad. Hoy es buena ocasión para pedírselo a Santa María, la Sin-pecado.

3.- AVE MARÍA, GRATIA PLENA.- “El ángel, entrando a su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracia…” (Lc 1,28) Al saludar el arcángel Gabriel a la Virgen, la llama Llena de gracia, y no la muy favorecida o agraciada como algunos traducen. “Kecharitomene” dice el texto original griego de San Lucas, expresión que, desde los primeros tiempos, tradujeron los cristianos por “Gratia plena”, la “Llena de gracia”. De esta forma se traducía con fidelidad el sentido profundo del piropo del arcángel, lleno de admiración ante la perfección y santidad de María.

Con razón canta la liturgia diciendo en una de sus más inspiradas antífonas: “Toda hermosa eres María, y en ti no hay mancha de pecado original”. En efecto, así es. Nuestra Madre fue concebida sin mancha de pecado, en ella nunca tuvo parte el demonio. En previsión de los méritos de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, María fue siempre pura, inocente, santa, inmaculada.


3.- VIVIR EN Y PARA EL SEÑOR, COMO MARÍA

Por José María Martín OSA

1. – Nuestra felicidad es tener a Dios muy cerca, a nuestro lado. Dios quiere seguir siendo amigo del hombre, pasear, dialogar familiarmente con él. Vivir en la presencia de Dios es el paraíso. No es Dios el que nos expulsa del edén, somos nosotros mismos los que nos desterramos, cuando nos alejamos de su presencia. Si huyes de Dios, vivirás en el destierro, la tierra te producirá cardos y espinas. Reinará la desarmonía y la división. No debes huir de Dios, búscale. Así no te sentirás nunca solo y siempre vencerás al mal, simbolizado en la serpiente. Conseguirás el don de la sabiduría, la ciencia del bien y del mal. Entonces brotarán en tu vida la paz y la alegría, entonces los hombres compartirán fraternalmente los dones que Dios les regala.

2. – María ha puesto su confianza en el Señor. María es la “nueva Eva”. Esta es seducida y engañada por el orgullo y el ansia de dominio. Se dejó seducir por el pecado y fue sometida al yugo de la violencia, del temor, de la tristeza, de la culpabilidad, de la ignorancia y de la tiranía. María también es seducida, pero es por el Amor de Dios. Por eso recibe del ángel este mensaje lleno de confianza: “no temas”. María”. María, humilde y confiada, libre y obediente es el prototipo de la mujer nueva, el principio de la nueva humanidad basada en el amor y en la confianza en la voluntad de Dios. María quiere alimentarse de la Palabra de Dios, no de otras cosas pasajeras o engañosas. María se contrapone a Eva, salva a Eva, la rehabilita. Eva transmite dolor y esclavitud, María ofrece liberación y gracia. La “llena de gracia” vence al mal y nos invita a nosotros a asociarnos con ella en la lucha. Sabemos que el Señor “está con nosotros”.

3.- La fiesta de la Inmaculada, al comienzo de este tiempo es un estímulo para nuestra “espera confiada”. La Madre del salvador es también nuestra Madre porque su Hijo así lo quiso: “Ahí tienes a tu Madre”. María no puede estar lejos de la mente y del corazón del cristiano, especialmente durante el tiempo de Adviento. ¿Quién mejor que ella, que lo llevó en su seno, pudo esperar su venida? Ella, la Madre concebida sin pecado, nos invita a arrepentirnos, a desechar el mal y a hacer el bien para preparar el camino al Emmanuel. María tiene una misión importante en la Iglesia porque es Madre y modelo de la Iglesia. Nuestra devoción a María debe llevarnos a su Hijo Jesucristo: “Haced lo que El os diga”. Todo lo que tiene, todo lo que es María le viene de Cristo. María es la primera cristiana, toda cristiana, hecha enteramente para Cristo. Por eso es la mujer del fututo, la humanidad del futuro, la nueva humanidad que siempre hemos soñado y que Dios mismo soñó. Pero esto sólo será posible si vivimos cerca de Dios, confiados y seducidos por su Amor, como María. Entonces reinará en todo el mundo otra vez la armonía y la paz.

 

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