HOMILIAS: SOLEMNIDAD DE LA EPIFANIA DEL SEÑOR. 6 DE ENERO, 2012.

Posted on 3 enero, 2012

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HOMILIAS: SOLEMNIDAD DE LA EPIFANIA DEL SEÑOR. 6 DE ENERO, 2012.

1.- Y SIN DUDARLO, SE PUSIERON EN CAMINO…

Por Antonio García-Moreno

1.- LA GLORIA DEL SEÑOR.- Isaías es, sin duda, el profeta de la esperanza. En última parte de su libro canta el gozoso espectáculo del pueblo liberado de todos sus males, describe situaciones llenas de luz y de esplendor, que prefiguran el triunfo definitivo del Mesías. En la primera lectura de hoy, el triunfo del Niño Dios se contempla desde Jerusalén, la Ciudad Santa donde tantas veces la presencia divina, la Shekináh, se hizo sensible en forma de nube luminosa que cubría el Templo.

También San Juan en las últimas visiones del Apocalipsis nos habla de la Jerusalén Celestial, que desciende del Cielo como novia engalanada para el Esposo. Allí la gloria divina brilla con una claridad radiante, hasta el punto de que ya no será precisa la luz del sol… Son imágenes que nos hacen vislumbrar la grandeza de la vida eterna en el Cielo. Pero, al mismo tiempo, nos hace comprender aquí, en esta vida, que vale la pena ser fieles ahora, para contemplar luego la belleza y la luz de la Ciudad de Dios.

2.- UN RASTRO LUMINOSO.- Los magos de la antigüedad se dedicaban al estudio de las estrellas. No eran magos en el sentido moderno de la palabra, sino más bien astrólogos. Y una noche cuando miraban hacia el oscuro firmamento, tachonado de estrellas, descubrieron una estrella de especial fulgor y comprendieron que era una señal del Cielo, un aviso divino que les anunciaba el nacimiento del rey salvador del mundo, durante tantos años esperado.

Ellos lo interpretaron como una llamada del Señor, para que fueran a rendir pleitesía al Hijo de Dios hecho hombre. Y sin dudarlo, se pusieron en camino hasta encontrar al Niño en brazos de su Madre la Virgen… San Josemaría Escrivá solía considerar en esta fiesta el misterio y el gozo de la vocación recibida. Estimaba que Dios había besado nuestra frente y encendido una estrella para cada uno de nosotros, una luz que brilló en la noche de nuestra vida para indicarnos una ruta que recorrer, para abrirnos un camino por el que andar, hasta llegar a Jesús y llenarnos “de inmensa alegría”.


2.- LA TEOLOGÍA DE LOS NIÑOS

Por José María Maruri, SJ

1.- ¿Este pasaje lleno de acción de San Mateo es una historia real o es un cuento de niños? Yo diría que es cuento del Niño Dios a los niños del Reino. Mateo hace teología al modo oriental enseñando a sus coetáneos que ese niño ante el que se postran hombres venidos de lejanas tierras es el mismo del que habla Isaías. Y al mismo tiempo les enseña lo mismo que Juan va a decir en prólogo de su evangelio: “Que vino a los suyos (los judíos) y no le recibieron”. Ninguna autoridad religiosa o civil se postra ante el Niño Dios, solo aquellos Magos venidos del Oriente.

Mateo hace Teología. Y dicho con perdón, la Teología es necesariamente “ciencia de los niños”, de esas gentes sencillas y humildes, de esos pequeños, de esos niños a los que el Padre les revela los infinitos misterios guardados por siglos eternos en su corazón de Dios: “Te doy gracias, Padre, porque has revelado estas cosas a los sencillos y humildes”

Para entender y entrar e el Reino de los cielos tiene que hacerse como niño, ni puede entrar nadie que no nazca de nuevo comenzando por ser niño otra vez.

La Teología no cabe en programas de computadoras. Se estudia de rodillas, como los Magos se pusieron ante el Niño.

2.- Hoy es el día de las estrellas. Día de la ilusión del que cree en lo maravilloso, del que entiende el asombro que hay en aquel dicho japonés: “Cuando una flor nace, el universo entero se hace primavera”.

Día del que sabe apreciar la grandeza de lo pequeño. Del que no desprecia la luz vacilante de la estrella de la Fe, y sabe aceptar en un Niño a Dios, y con alegría se pone a sus pies y le entrega todo lo que tiene, como los Magos.

Cuantos hombres han querido ver a Dios a la luz del sol de mediodía y no han conseguido más que quemarse la retina, si caer en la cuenta que Dios es demasiada luz para que quepa en nuestro entendimiento y que necesitamos de la mediación de la estrella de la Fe para llegar a Él sin abrasarnos.

A veces decimos que nos falta Fe, lo que nos falta es sencillez de niño para aceptar la estrella que lleva a Dios y aceptar a Dios bajo la forma de Niño.

3.- San Ignacio nos diría que nos metiéramos en el portal como un esclavito indigno, quizás venido con los Magos y que hablemos con el Niño Dios. Y le digamos:

“Señor, también yo vengo caminando por el desierto de la vida, tratando de seguir la estrella de la Fe, que se me oculta con frecuencia. Y sin embargo aquí me tienes creyendo en Ti como en mi Dios. No me da vergüenza admitirlo, aunque muchos lo nieguen.”

Yo no tengo nada que ofrecerte como estos Reyes. Sólo te entrego en propia mano mi carta a los Reyes. Como eres pequeño y no sabes leer te digo lo que te pongo en ella: Te pido que me hagas niño. Niño que se confíe totalmente a su Padre, Dios. Niño que crea y espere en Ti sin límites. Niño que pase por el mundo dando cariño y sonrisas, y confiando en que hay todavía bondad en los hombres de buena voluntad.

Agranda la puerta, Padre,

porque no puedo pasar.

La hiciste para los niños,

yo he crecido a mi pesar.

 

Si no me agrandas la puerta,

achícame por piedad.

Vuélveme a la edad bendita

en que vivir es soñar.

(Procede de la Misa de Epifanía)


 

3.- DIOS SE MANIFIESTA AL MUNDO COMO LUZ

Por Pedro Juan Díaz

1.- El hecho de que estos Magos de Oriente acudieran a adorar al Niño Jesús le da un carácter de universalidad a su nacimiento. Es una manera de decir que Dios ama a todas las personas, de todas las naciones y, podríamos decir también, de todas las religiones, porque, en cierta manera, todos buscamos al mismo Dios y Él nace en nuestro mundo para que todos le encontremos.

2.- Por eso el nombre que recibe esta fiesta de hoy es “epifanía”, que significa “manifestación, aparición”. Dios se ha manifestado a todos los pueblos, a todas las personas. Y el elemento simbólico aparece en la primera lectura, cuando esa manifestación se concreta en Jerusalén, centro religioso universal: “¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz!”. Esa luz que aparece en Jerusalén, alcanzará a todas las naciones de la tierra.

3.- Y de nuevo aparece la comparación con la luz y las tinieblas. El día de Navidad también escuchábamos, del profeta Isaías, la misma comparación: “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande”. Hoy nos vuelve a decir: “las tinieblas cubren la tierra… pero sobre ti amanecerá el Señor… y caminarán los pueblos a tu luz”. Yo veo una alusión clara en la “oscuridad” a la situación de crisis que vivimos, a las dificultades que están pasando muchas familias, a la falta de valores, de “ejemplaridad” de muchos de nuestros dirigentes, a la corrupción, a la falta de honestidad… a tantas cosas negativas que han provocado que estemos como estamos. Y sin embargo, la Palabra de Dios no para de decirnos que ese Niño que nos nace es la LUZ, que fiándonos de Él, de su Palabra, podremos construir una nueva vida, desde unas premisas nuevas, que nos ayuden a convivir y a relacionarnos de manera fraternal, generosa y solidaria. Dios, su Palabra, su Evangelio, su Buena Noticia, son esa LUZ que viene a iluminar nuestras “oscuridades”. “Porque él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres” (salmo 71).

4.- Aquellos Magos siguieron una estrella, una luz, que les llevó al pesebre, donde estaba el Niño Dios, la LUZ con mayúsculas. Allí se paró la estrella, porque no era ella la importante, porque, como decía Lope de Vega en su poema sobre la llegada de los reyes magos:

Reyes que venís por ellas,

no busquéis estrellas ya,

porque donde el sol está

no tienen luz las estrellas.

5.- Ese Niño es “el sol que nace de lo alto”, es nuestra LUZ, la que nos ayudará a salir de las tinieblas y las oscuridades que nos dominan. Necesitamos esa luz, necesitamos a Dios en nuestras vidas, necesitamos su Palabra. Y ese Dios que nace en un pesebre, viene especialmente a los que viven alejados de la fe, viene a los paganos, viene a los que están lejos, para que dejen de estarlo. Dios se manifiesta al mundo como luz, para que todos le encuentren, para que todos le encontremos, para que nadie siga viviendo a oscuras.

6.- Sigamos la estrella, nos llevará al pesebre. Allí caeremos de rodillas y adoraremos al Niño Dios. Allí nos convertiremos en estrella, en luz, que guíe a otros hacia Belén, hacia el pesebre, para que Dios sea Buena Noticia para todas las personas, especialmente para los que peor lo están pasando. Este es el mejor regalo que, en este día, podemos dar, especialmente a los más pequeños. Dios nos regala la fe cada día. Hagamos posible que este regalo llegue también a los más pequeños de la casa. Y nosotros, como comunidad cristiana, seamos también una gran luz que guíe a los que nos rodean y que les ayude a salir de la oscuridad. Dios se manifiesta y se revela siempre en la Eucaristía. Hagamos como los Magos, caigamos de rodillas y adorémosle.

 

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