LECCIONARIO BIENAL BÍBLICO-PATRÍSTICO

Posted on 22 enero, 2012

0


LECCIONARIO BIENAL BÍBLICO-PATRÍSTICO

DE LA LITURGIA DE LAS HORAS

TIEMPO ORDINARIO

LUNES DE LA SEMANA 3

LUNES

PRIMERA LECTURA

Del libro del Génesis 19, 1-17.23-29

 

La destrucción de Sodoma

 

Los dos ángeles llegaron a Sodoma por la tarde. Lot, que estaba

sentado a la puerta de la ciudad, al verlos, se levantó a recibirlos y se

prosternó rostro a tierra. Y dijo:

–Señores míos, pasad a hospedaros a casa de vuestro siervo. Lavaos

los pies y por la mañana seguiréis vuestro camino.

Contestaron:

—No; pasaremos la noche en la plaza.

Pero él insistió tanto, que pasaron y entraron en su casa. Les preparó

comida, coció panes y ellos comieron. Aún no se habían acostado,

cuando los hombres de la ciudad rodearon la casa: jóvenes y viejos, y

toda la población hasta el último, Y le gritaban a Lot:

–¿Dónde están los hombres que han entrado en tu casa esta noche?

Sácalos para que nos acostemos con ellos.

Lot se asomó a la entrada, cerrando la puerta al salir, y les dijo:

–Hermanos míos, no seáis malvados. Mirad, tengo dos hijas que no han

tenido que ver con hombres; os las sacaré para que las tratéis como

queráis, pero no hagáis nada a esos hombres que se han cobijado bajo

mi techo.

Contestaron:

—Quítate de ahí; este individuo ha venido como inmigrante y ahora se

mete a juez. Pues ahora te trataremos a ti peor que a ellos.

Y empujaban a Lot intentando forzar la puerta. Pero los visitantes

alargaron el brazo, metieron a Lot en casa y cerraron la puerta. Y a los

que estaban a la puerta, pequeños y grandes, los cegaron, de modo

que no daban con la puerta.

Los visitantes dijeron a Lot:

—Si hay alguien más de los tuyos, yernos, hijos, hijas, a todos los

tuyos de la ciudad sácalos de este lugar. Pues vamos a destruir este

lugar, porque la acusación presentada al Señor contra él es muy seria,

y el Señor nos ha enviado para destruirlo.

Lot salió a decirles a sus yernos –prometidos a sus hijas–:

—Vamos, salid de este lugar, que el Señor va a destruir la ciudad.

Pero ellos se lo tomaron a broma. Al amanecer, los ángeles urgieron a

Lot:

–Vamos, toma a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, para que no

perezcan por culpa de Sodoma.

Y como no se decidía, les agarraron de la mano a él, a su mujer y a las

dos hijas –el Señor los perdonaba–, los sacaron fuera y le dijeron:

–Ponte a salvo; no mires atrás. No te detengas en la vega; ponte a

salvo en los montes, para no perecer. Salía el sol cuando Lot llegó a

Zoar.

El Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego desde el

cielo. Arrasó aquellas ciudades y toda la vega; los habitantes de las

ciudades y la hierba del campo.

La mujer de Lot miró atrás, y se convirtió en estatua de sal.

Abrahán madrugó y se dirigió al sitio donde había estado delante del

Señor. Miró en dirección de Sodoma y Gomorra, toda la extensión de la

vega, y vio humo que subía del suelo, como humo de horno.

Cuando el Señor destruyó las ciudades de la vega, se acordó de

Abrahán y sacó a Lot de la catástrofe, al arrasar las ciudades en que

había vivido Lot.

 

SEGUNDA LECTURA

 

San Clemente de Roma, Carta a los Corintios (21, 1—22, 5; 23, 1-2:

Funk 1, 89-93)

 

No nos apartamos nunca de la voluntad de Dios

 

Vigilad, amadísimos, no sea que los innumerables beneficios de Dios se

conviertan para nosotros en motivo de condenación, por no tener una

conducta digna de Dios y por no realizar siempre en mutua concordia lo

que le agrada. En efecto, dice la Escritura: El Espíritu del Señor es

lámpara que sondea lo íntimo de las entrañas.

Consideremos cuán cerca está de nosotros y cómo no se le oculta

ninguno de nuestros pensamientos ni de nuestras palabras. Justo es,

por tanto, que no nos apartemos nunca de su voluntad. Vale más que

ofendamos a hombres necios e insensatos, soberbios y engreídos en su

hablar, que no a Dios.

Veneremos al Señor Jesús, cuya sangre fue derramada por nosotros;

respetemos a los que dirigen nuestras comunidades, honremos a

nuestros presbíteros, eduquemos a nuestros hijos en el temor de Dios,

encaminemos a nuestras esposas por el camino del bien. Que ellas

sean dignas de todo elogio por el encanto de su castidad, que brillen

por la sinceridad y por su inclinación a la dulzura, que la discreción de

sus palabras manifieste a todos su recato, que su caridad hacia todos

sea patente a cuantos temen a Dios, y que no hagan acepción alguna

de personas.

Que vuestros hijos sean educados según Cristo, que aprendan el gran

valor que tiene ante Dios la humildad y lo mucho que aprecia Dios el

amor casto, que comprendan cuán grande sea y cuán hermoso el

temor de Dios y cómo es capaz de salvar a los que se dejan guiar por

él, con toda pureza de conciencia. Porque el Señor es escudriñador de

nuestros pensamientos y de nuestros deseos, y su Espíritu está en

nosotros, pero cuando él quiere nos lo puede retirar.

Todo esto nos lo confirma nuestra fe cristiana, pues el mismo Cristo es

quien nos invita, por medio del Espíritu Santo, con estas

palabras: Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor.

¿Hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? Guarda tu

lengua del mal, tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el

bien, busca la paz y corre tras ella.

El Padre de todo consuelo y de todo amor tiene entrañas de

misericordia para con todos los que lo temen y, en su entrañable

condescendencia, reparte sus dones a cuantos a él se acercan con un

corazón sin doblez. Por eso, huyamos de la duplicidad de ánimo, y que

nuestra alma no se enorgullezca nunca al verse honrada con la

abundancia y riqueza de los dones del Señor

Etiquetado:
Posted in: Liturgia