HOMILIAS: VIERNES SANTO. CICLO B. 6 DE ABRIL, 2012

Posted on 3 abril, 2012

0


HOMILIAS: VIERNES SANTO. CICLO B. 6 DE ABRIL, 2012

1.- “MIRARÁN AL QUE TRASPASARON”

Por Pedro Juan Díaz

1.- En este día, como todos los Viernes Santo, seguimos a Jesús en su camino hasta la Cruz. Contemplamos “al que traspasaron”, recordando las palabras de la Escritura, que se cumplen hoy:

“Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración. Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán llanto como llanto por el hijo único y llorarán como se llora al primogénito. Aquel día será grande el luto en Jerusalén” (Za 12, 10-11a).

2.- Hemos escuchado como Jesús ha sido prendido en el Huerto de los Olivos y llevado ante Anás, y después ante Caifás, Sumo Sacerdote aquel año. Hemos escuchado todas las preguntas que le hacían, sin descubrir motivo alguno de culpa. Hemos escuchado también como le interroga Poncio Pilato, un romano al que ni le iba ni le venía la causa de Jesús, y que acaba cediendo a las instigaciones de los sumos sacerdotes y del pueblo. Hemos sido testigos, en medio de todo este proceso, de la traición de Judas y de las negaciones de Pedro; de las mofas de los soldados y de sus azotes.

3.- Jesús va cargado con su cruz. Le llevan al Gólgota. Allí lo crucificarán, junto a otras dos personas. Le ponen un letrero, ordenado por Pilato, con el motivo de la condena (INRI). Los sacerdotes no están de acuerdo y protesta, pero Pilato contesta: “lo escrito, escrito está”. De nuevo se cumplen las escrituras:

Se reparten mi ropa, echan a suertes mi túnica” (Salmo 21).

“No le quebrarán ningún hueso” (Ex 12,46; Num 9,12).

4.- Junto a la cruz de Jesús aparecen las mujeres y el discípulo amado. Jesús encomienda a Juan a su madre. Es la entrega de la madre a la comunidad, a la Iglesia. Cuando Jesús sabe que ya todo está cumplido, pide de beber. Y después inclina la cabeza y muere. Un soldado le atraviesa el costado con una lanza y el que lo cuenta dice que vio salir sangre y agua. Jesús es puesto en un sepulcro nuevo por José de Arimatea y Nicodemo, a la espera de que pase el sábado, la Pascua de los judíos.

5.- También hoy en la cruz contemplamos el rostro de tanta gente “traspasada” y “crucificada” a nuestro alrededor, gente que padece la injusticia, el hambre y la miseria, niños obligados a trabajar, personas perseguidas, enfermos sin el cuidado o la compañía de nadie, presos en las cárceles olvidados, gente que vive una vida falsa, por las apariencias, por las tentaciones del poder, del dinero, de la fama, personas tristes, personas que no encuentran sentido a su vida, personas muertas de miedo, gente cercana que no tiene lo necesario para vivir dignamente, familias rotas, amistades desunidas, personas sin ilusión, sin trabajo, sin casa, sin hogar, sin amor… Todos ellos y ellas están también hoy junto a la cruz de Jesús, como cada Viernes Santo.

6.- Pero el final del Vía-Crucis es la Resurrección. Al igual que el Siervo de Yahvé, protagonista de la primera lectura y que prefigura al mismo Cristo, siguen habiendo hoy hombres y mujeres cuya misión en la vida es amar gratuitamente, sin caretas ni fachadas, solidarizándose con las personas hasta asumir su dolor. Dios convierte a estas personas en su rostro misericordioso y cercano a los que sufren, en su presencia resucitada en medio de nosotros. Dios se hace presente en el sufrimiento y en el dolor a través de ti y de mí, si verdaderamente nos creemos el mensaje redentor de la Cruz y lo llevamos a la vida de tanta gente “traspasada”. Sólo hace falta amar al estilo de Jesús, con mucha pasión, hasta entregar la vida.

7.- Hoy, Viernes Santo, la Cruz está en el centro de nuestra celebración. Es el signo distintivo de los cristianos, porque no conocemos amor más grande que el de Aquel que fue capaz de dar su vida para que todo tuviéramos Vida Eterna. Pedimos a Dios que nos haga mirar la cruz y ver todo el amor que hay en ella, para que no haya más “crucificados” en el mundo, para que no haya más “viernes santos”.

 

2.- SIGNO DE AMOR Y CURACION

Por José María Martín OSA

1- La cruz de Jesucristo y nuestra propia cruz. La muerte victoriosa de Cristo vence a la misma muerte en su propio terreno. Estamos celebrando una muerte con sentido, que salva a los hombres y los prepara para la relación con Dios, con los demás y con el universo entero. Es en la cruz donde se le abren al ser humano, las puertas de la Resurrección gloriosa. Todo el evangelio de san Juan, no solamente el texto de la Pasión que hemos proclamado, es la realización de estas palabras: “mirarán al que atravesaron”. El evangelio de san Juan nos anima a orientar nuestras miradas y nuestros corazones hacia Jesucristo. Convencidos de que solamente el Señor salva y que sólo en El encontramos la realización de nuestra vida, la salida de nuestras oscuridades. “Mirarán al que traspasaron”. Así lo hacemos nosotros en esta tarde del Viernes Santo. Él nos ayuda a llevar nuestra propia cruz, que seguro que no es la peor de todas las posibles. Esta historia nos puede ayudar a comprenderlo

2.- “Un joven, que no sabía que hacer con tantos problemas, oraba en su cama, y así cayó en un profundo sueño. En sus sueños él ve a Dios, y le dice: “Señor, no puedo seguir, mi cruz es demasiado pesada”.

-El Señor, lo lleva ante un ángel, el cual le muestra una opción y le dice:

“Joven, si no puedes llevar el peso de tu cruz, puedes guardarla dentro de esa habitación que ves ahí. Después, escoge de entre todas las demás cruces que ahí se encuentran, la cruz que tu quieras”.

-El joven suspiró aliviado.

-“Gracias”, dijo, e hizo como le indicó el ángel. Entró a la habitación y entregó allí su cruz y continuó su recorrido a través de toda esa enorme habitación buscando una cruz que le viniera más cómoda de llevar. Vio muchas cruces, algunas tan grandes que no les podía ver la parte de arriba, pero siguió su búsqueda por la habitación que pareciera no tener fin, probó toda clase de cruces que ahí se encontraban.

Algunas fueron muy pesadas, otras tan pequeñas que le parecían muy fáciles de sobrellevar, y él no quería decepcionar al Señor, así que siguió caminando hasta que vio una cruz apoyada en un extremo de la habitación, al probarla sintió que le quedaba muy bien, no era ligera y sin embargo no pesaba demasiado, así que decidió tomarla con un poco de esfuerzo…se la acomodó a su espalda y buscó al ángel.

“Ángel”, susurró, “quisiera ésta”.

El ángel empezó a exclamar algunas palabras, pero el Señor se dirigió al joven diciéndole:

-“Hijo mío, no existe mejor elección, felicidades”. -El joven se retiró lleno de alegría.

El ángel le dijo a Dios:

“Pero Señor, el joven se lleva la misma cruz con la que llegó aquí.”

3.- Cualquiera que sea tu cruz, cualquiera que sea tu dolor, siempre brillará el sol después de una tormenta. Cuando los problemas de la vida nos parecen abrumadores, Debemos, estar felices y agradecidos porque sabemos que el Señor no nos va a dar más carga que la que podamos llevar, y aún, con nuestras cargas, sus brazos estarán alrededor de nuestra vida para ayudarnos a llevarla.

4.- Vivimos en un mundo y en una cultura que quiere suprimir la cruz, que la oculta a toda vista, que considera que es una pérdida de tiempo inútil fijarse en el crucificado. Nunca, olvidemos lo más esencial de la llamada de Dios al hombre, Él nos quiere a nosotros mismos, quiere que le adoremos con actitud de un amor sin reservas. No queramos hacer sustitutivos como hacían en el mundo antiguo con animales sacrificados o como lo hacemos nosotros hoy, con otros sustitutivos de Dios. Fuera de la ciudad muere el hijo de Dios asesinado por los que creen honrar a Dios. La cruz de Cristo nos salva y nos libera, no es un signo negativo, es signo de amor, no nos debe dar vergüenza portarla.

5.- De la herida del costado de Cristo brota sangre y agua: surgen los dos sacramentos fundamentales, Eucaristía y Bautismo, la esencia misma de la Iglesia. Bautismo y Eucaristía son las dos formas en que los hombres nos introducimos en el ámbito vital de Jesucristo. En el Bautismo nos hacemos cristianos y nos situamos en la órbita de Cristo. En el Bautismo Jesucristo nos penetra con su existencia. Por otra parte, en la Eucaristía nos sienta el Señor a su mesa y nos une a todos los hombres, pues al comer el mismo pan, el Cuerpo del Señor, no sólo lo recibimos sino que nos saca de nosotros mismos y nos introduce en El. Sobre la cruz de Cristo que hoy adoramos brilla ya el resplandor glorioso de la mañana de Pascua. Vivamos con El la cruz, vivir así es vivir bajo la promesa de la felicidad.

 

3.- VÍCTIMA VOLUNTARIA DE DOLOR Y PESAR

Por Antonio García-Moreno

1.-“Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros: despreciado y desestimado” (Is 53, 2. 3)

El más hermoso de los hijos de los hombres: desfigurado y abatido. El más poderoso y prudente Rey: cubierto de oprobios y humillado hasta el paroxismo. Víctima voluntaria de dolor y pesar que gustosamente se inmolaba, para expiar la culpa de los mismos que lo crucificaban. Como leproso herido por Dios. Traspasado por los duros clavos de nuestra rebelión, triturado y aplastado por el peso de nuestros crímenes. Generosamente se humillaba y no abría su boca para defenderse. Con indecible maldad fue arrancado de la tierra de los vivos.

Madre Dolorosa, Virgen de la Soledad cuánto me aflige verte con el hijo de tus entrañas muerto entre tus brazos, descansando inerme y roto en tu regazo. Toda la vida quisiera pasarla a tus pies, llorando con amargura mis propios pecados, causa concomitante al menos, de la muerte de Cristo. Pasión de Cristo, confórtame. Dentro de tus llagas…

2.-“Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia…” (Hb 4, 16)Porque habiendo amado a los suyos, hasta el fin los amó; porque dio la mayor prueba de amor entregando su vida por nosotros; porque cargó con nuestros pecados y se inmoló por ellos como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; porque tantas veces, cuantas pequé, me ha perdonado; porque me ha colmado de bienes espirituales y corporales, naturales y sobre naturales; porque es Dios lento a la cólera y pronto al perdón; porque es más pródigo en dar que el hijo en malgastar…

Por todo ello acerquémonos confiados hasta su trono de gracia. Lloroso, avergonzado, compungido, apenado, pesaroso, arrepentido, herido por el dardo ardiente de tu amor, gimiendo y llorando, así estoy a tus pies mi Dios de amor dolido, confiando y esperando tu gracia y tu bendición, tu cariño y tu compresión… Mentira me parece que yo esté aquí, ante el monumento que oculta tu grandeza divina, en el silencio de este viernes santo. Gracias, Señor… Virgen del Mayor Dolor, Madre Dolorosa, Soledad, Amargura, Angustia, Piedad…

3.- “Dicho esto salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón…” (Jn 18, 1) San Juan inicia su relato de la Pasión, conectando lo que sigue con lo que precede. El “dicho esto” inicial, (en griego “tauta eipon”) es más importante de lo que parece, pues con esa expresión se nos da la clave para comprender cuanto se narra a continuación. Es decir la oración sacerdotal de Jesús y su declaración de que la hora de la gloria ha llegado, nos hace contemplar la Pasión como el Sacrificio redentor de Cristo, Sumo Sacerdote, y la apoteosis de la Gloria. Es la otra cara de la Pasión.

Por ello, aun en medio de las sombras y el dolor del Viernes Santo, no se puede perder nunca de vista que Jesús ha orado al Padre como Sacerdote supremo de la Nueva Alianza y que, además, la gloria divina sigue presente en Cristo, “lleno de gracia y de verdad”, una gloria “como del Unigénito de Dios”. Por eso, el sufrimiento y la derrota del Señor está precedida por esa manifestación de poder ante los que, armados con espadas y palos, venían a prenderlo. De todas formas Jesús es maniatado y se abandona en manos de sus enemigos.

 

Etiquetado:
Posted in: Liturgia