VIERNES SANTO: VIACRUCIS DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Posted on 4 abril, 2012

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VIACRUCIS DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Por Javier Leoz

 

PRIMERA ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte 
Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Pilato mandó sacar a Jesús y dijo a los judíos: ‘Aquí tenéis a vuestro rey’. Pero ellos le gritaban: ‘¡Fuera, fuera, crucifícalo!’ Pilato le dice: ‘¿Pero cómo he de crucificar a vuestro rey?’ respondieron los príncipes de los sacerdotes: ‘Nosotros no tenemos más rey que el César’. Entonces se los entregó para que fuera crucificado” (Jn 19, 14-16)

Dar la vida o no darla. Ser cristiano no serlo. Ser diferente a lo que en el mundo se propone o dejarse arrastrar.

¿A qué reyes servimos? ¿Ante cuántos nos postramos? Preguntas que también hoy nosotros, nos hacemos en esta primera estación del vía crucis. Entregamos al Señor cuando no damos razón de que somos de los suyos. Cuando como Pilatos, nos lavamos las manos de aquellas situaciones que, como miembros de la Iglesia, reclaman nuestra participación, opinión o nuestro compromiso.

Hay muchas formas de llevar a Jesús hasta el madero. De dejarlo, no desvalido, pero tal vez sin manos y sin movimiento:una de ellas es la de guardar silencio. La Nueva Evangelización nos apremia a que, aquellos que nos rodean, vean en nosotros algunosvalores que poco a poco han ido cayendo y perdiéndose por el camino. Como amigos de Jesús no podemos consentir relegarlo al silencio. Hay muchos “nuevos césares” que se interponen entre Dios y nosotros. Uno de ellos, la falta de entusiasmo en la fe. ¿Un mundo sin Dios? ¡No! ¡Entreguemos al mundo la Buena Noticia! ¡Con nuestro testimonio activo!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

Padrenuestro

 

 SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús con la cruz a cuestas
Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

Así fue como se llevaron a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota.” Jn. 19, 17

No hay día en el que, en nuestra propia piel, no sintamos el dolor de una espina. La vida, y lo sabemos todos por experiencia, es una moneda con dos caras: alegría y llanto, sufrimiento y gozo, éxito y fracaso, búsqueda o cansancio.

Y en la vida de los discípulos de Jesús, en el horizonte de los que nos decimos cristianos, siempre nos acompañará la cruz. Tarde o temprano. De la forma más imprevisible o, tal vez, esperándola.

¿Acaso no la aguardan los que padecen el hambre? ¿Acaso no la sufren los que cargan con las dificultades de la crisis que estamos padeciendo? ¿Acaso no es cruz, como decía el Papa Benedicto XV la de aquellos que se encuentran sumidos en la crisis espiritual?

Hemos vivido en un maná ficticio. Nos quieren educar solamente para la felicidad o para los sueños y la realidad es la contraria: hay que estar preparados también para las horas de dolor.

En la Nueva Evangelización, la cruz, como signo de amor y de entrega de Jesús toma su papel relevante. ¿Cómo es tu cruz? ¿Grande o pequeña? ¿La llevas en el pecho o escondida? ¿La defiendes o, como aquellos primeros discípulos, te escapas de ella? Detrás de la cruz vendrá la victoria. Pero, mientras tanto, daremos parte de nuestro aliento al Señor.

Las grandes cosas comienzan con lo pequeño (recordemos a qué da lugar el grano de mostaza). Hoy tenemos que ser cristianos valientes. Y, como escuchábamos en Madrid en las pasadas jornadas mundiales de la Juventud, “ser valientes no es no tener miedos, sino saber vencerlos”.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

 

Padrenuestro

 

 

TERCERA ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez
Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

“Han ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no aparté la cara ni de los ultrajes ni de las salivas que me echaban” (Is 50,6)

Nunca se nos ha dicho que el ser cristiano sea fácil. La tentación a la impaciencia, las ganas de que todo fructifique cuanto antes. La inercia a creer que todo depende de nosotros cuando en realidad, todo, está en las manos de Dios….todo ello hace que, en algunos instantes, caigamos en nuestro empeño de ser sal y luz.

¿Sal y luz? ¿De qué? ¿Para qué? Miremos a Jesús en esta estación. Está caído pero no vencido. Sabe que, por encima del madero, más allá de los que quieren silenciar sus ideales hay un Padre que empuja, que tiene sus propios tiempos pero que nunca deja en la cuneta a los que en Él confían.

¿Sal y luz? ¿De qué? ¿Para qué? Para entre todos seguir apostando por el Reino de Dios. La Nueva Evangelización no es vivir a la sombra del gran árbol que es la Iglesia sino, saber que la Iglesia, es un pequeño grano de trigo que ha de germinar con más fuerza para llevar la esperanza y el futuro a tantas gentes que han caído en el suelo y no encuentran en los referentes del mundo sino traición, escándalo o silencio.

A veces pensamos que los grandes santos, que son estrellas que Dios pone en el universo de nuestra fe, pasaron por el mundo sin caída alguna, sin tropiezos o sin mayores obstáculos. Lo cierto es que, la mayoría de todos ellos, besaron el polvo del suelo antes que someterse a los dictados de los que se creían dioses de todo.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

Padrenuestro

 

 

CUARTA ESTACIÓN: Jesús encuentra a su Santa Madre 
Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo.” Mt. 27, 55

Es en las horas amargas cuando, de verdad, se notan los buenos amigos. Aquellos que, como la sangre cuando hay herida, acuden sin que se les llame. María, Madre de la Iglesia, siempre está al alcance de nuestra mano. Estuvo muy cerca en las horas más grandes de Jesús: lo acunó en sus brazos, lo llevó al templo, le vio crecer y, no siempre, entendió sus palabras. Pero de Él, siempre, María se fió.

Jesús, camino del Gólgota, gira su cabeza y encuentra a la misma mujer que en un pesebre la arrulló.

Es la Madre. La que, aun a riesgo de su propia vida, de ser considerada como “de los suyos” se acerca para contemplar, animar y solidarizarse con el dolor del Hijo.

En Belén, la Madre puso sus ojos en una cuna de madera y, camino de la cruz ¿acaso María no mecerá la cruz de Cristo para que, esa cruz, sea más ligera y no tan dura ni pesada?

Nunca una mujer tan pequeña hizo algo tan grande en esta ofrenda final de Jesucristo: permanecer fiel y hasta el final. Sin miedos ni temblores, sin dudas ni batallas, sin fisuras ni reproches.

María, hoy más que nunca, acude de nuevo a innumerables cuestas arriba de nuestra vida. Acude cuando le llamamos y viene deprisa aún cuando la olvidamos.

María, en la Nueva Evangelización, en aquello que nos parezca imposible sembrar en una sociedad tamizada por la violencia, la indiferencia o el rechazo de Dios….siempre será un aliento en las velas de nuestra embarcación cristiana, compañera en nuestros complicados caminos (a veces buscados y otras veces no queridos).

María, con su presencia activa, nos invita a huir de los lamentos. A vivir con realismo la hora de nuestro ser cristiano no huyendo de aquellas situaciones que necesitan nuestra presencia, nuestra voz o simplemente nuestro apoyo.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

Padrenuestro

 

 

QUINTA ESTACIÓN: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz
Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Cuando llevaban a Jesús al Calvario, detuvieron a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para llevarla detrás de Jesús” (Lc 23,26)

“No por ser grande te elegí; al contrario, eres el más pequeño de los pueblos; te elegí porque te amo…”, dice Dios al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento.

Simón de Cirene fue el elegido para ser protagonista en aquel drama de Jesús sin desearlo. La casualidad, su oficio o la curiosidad…le hicieron por unos instantes, gigantesco en la caridad: ayudar a Cristo a llevar la cruz.

Sus hombros tal vez hubieran preferido cargar al mismo Cristo. Sus labios, tal vez, hubieran querido gritar “basta de tanta injusticia”. O, sus pies, hubieran deseado estar en otra parte en ese momento.

Simón de Cirene representa a esa gracia que el Señor nos concede a cada persona, a cada amigo de la cruz para estar disponibles.

¿Ayudas a llevar alguna cruz? ¡Eres amigo de Cristo!

¿No ves ninguna cruz por ningún lado? ¡Algún barro o falsas verdades tapan tus ojos!

En la Nueva Evangelización, la Iglesia, siempre será un árbol y un grano de mostaza. Una barca en permanente movimiento. Una voz que clame, en medio del desierto, a favor de la vida o de la caridad. Unas manos que aporten, además de ayuda, esperanza y horizontes a un mundo que ya no sabe en qué esperar…….fe para seguir avanzando.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

Padrenuestro

 

 

SEXTA ESTACIÓN: La Verónica limpia el rostro de Jesús
Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo

“Así como muchos quedaron espantados al verlo, pues estaba desfigurado, que ya no parecía un ser humano. Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de Él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que Él llevaba. Eran nuestros dolores los que le pesaban” (Is 52)

 

En la Verónica habla el rostro de la humanidad invisible. No podemos esconder por más tiempo aquella cara que, la sociedad, interpreta como noble y buena. Una página, la del rostro del mundo, donde a veces todo parecen ser derechos….y nunca obligaciones.

Hoy, laVerónica, representa al cristiano que sabe sacar de su bolsillo el pañuelo delconsuelo. A toda persona que sabe salir a la calle y gritar “no más muerte” “sí a la vida”.

Hoy, en la Nueva Evangelización, Verónica es aquella persona que intenta buscar en el caos del mundo el rostro del Dios vivo que es Jesús y, luego, enjugarlo con el manto de una vida evangélica. Sin más pretensiones que el ser felices y hacer felices a los demás. Sin más grandezas que ser grandes porque, Dios, nos ha hecho únicos e irrepetibles, desde el mismo instante en que nuestras madres nos concibieron.

Hoy, Verónica, es toda aquella persona que renuncia su propio yo y quiere hablar y actuar en nombre de un Dios que, digan lo que digan algunos, sigue apostando por el nombre.

Hoy, ser Verónica, implica quitar tanta hojarasca que crece a nuestro lado y que a veces nos impide ver la presencia o el paso de Cristo por nuestras vidas.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

Padrenuestro

 

SÉPTIMA ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez 
Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

El amor todo lo puede…
No hay dificultad por muy grande que sea, que el amor no lo supere.

No hay enfermedad por muy grave que sea, que el amor no la sane.

No hay puerta por muy cerrada que esté, que el amor no la abra.

No hay distancias por extremas que sean,

que el amor no las acorte tendiendo puentes sobre ellas.

No hay muro por muy alto que sea, que el amor no lo derrumbe.

No hay pecado por muy grave que sea, que el amor no lo redima.

No importa cual serio sea un problema, cual desesperada una situación, 
cual grande un error, el amor tiene poder para superar todo esto.

Segunda caída de las muchas que, Cristo, tuvo que soportar camino del calvario. Resumen de tantas d que, en el día a día, soportamos, sufrimos o padecemos.

¿Cuál es la diferencia entre las caídas de Jesús y las nuestras?

El Señor cae por amor y, nosotros muchas veces, caemos víctimas del odio, del placer o del tener.

El Señor cae por salvarnos y, nosotros, nos derrumbamos por querer prescindir de esos salvavidas que nos lanza Dios en nuestro camino: su Palabra, la Eucaristía, el Sacramento de la Penitencia, la Oración personal….

Caemos frecuentemente cuando preferimos agarrarnos a las débiles ramas de un mundo a nuestro antojo antes que sujetarnos a la firmeza del madero de la cruz de Cristo.

Caminar con Jesús es experimentar lo mucho que nos ama. Con su amor seremos totalmente felices…laspersonas más poderosas e invencibles.

Por el contrario, si nos desviamos por otros caminos, sentiremos el asalto de ideas dominantes que pretenden vencer y hacer desaparecer de nosotros lo más sagrado: la fe en Cristo.

¿Y todavía queremos permanecer en ese suelo que el ambiente nos presenta como una maravilla, como el séptimo cielo?

¿Por qué se levantó Cristo siempre que cayó camino del calvario? ¡No lo dudemos! ¡Por amor! ¡Por amor Dios se rebajó y, por amor, Cristo una y otra vez se elevó por nuestra salvación! Al tercer día, su alzada será la definitiva. Y en ella…todos seremos levantados. ¡Gracias, Señor!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

Padrenuestro

 

 

OCTAVA ESTACIÓN: Jesús consuela a las piadosas mujeres 
Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Seguían a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por él, pero Jesús volviéndose a ellas, les dijo: ‘Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos'” (Lc 23, 27-28)

Unas mujeres, además de lamentarse por lo que sus ojos veían, supieron captar la presencia de divina en el rostro y en el sufrimiento de Jesús.

Ojala, como esas mujeres, también nosotrosseamos capaces de descubrir a Dios en el camino diario.

Gran problema al que se enfrenta nuestra Iglesia pero, a la vez, reto para nuestro futuro: si se suprime a Dios del mapa, se borrarán también valores morales. Caerán cimientos que han sido el resorte de nuestra forma de vivir y de pensar.

Dejar de lado a Dios no es que sea malo es que, además, vuelve al hombre en contra del propio hombre. Lo reduce a un humanismo ególatra e interesado, ideológico y partidista.

Dostoievski llegó afirmar “Si Dios no existe en nuestra vida, todo está permitido”.

Pongamos nuestra mano en el pecho. Volvamos un poco nuestra mirada hacia nuestro mundo. La vida cuenta poco porque, muchas personas, ya no creen en la VIDA. El amor cuenta poco, porque muchas personas ya no creen en el AMOR. En la VIDA que es Dios…en el AMOR que es CRISTO.

Hoy, en los nuevos tiempos que nos esperan, no es suficiente exclamar un “¡Señor! ¡Señor!” y sí dar un paso hacia adelante. Contemplar con dolor lo que acontece a nuestro alrededor pero, luego, intentar comprometernos para que el Reino de Dios sea una realidad. En las pequeñas cosas concretas de cada día.

Hoy, la civilización del amor cristiano, no se construye con los lamentos…en todo caso con la oración y luego con la acción.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

Padrenuestro

 

 

NOVENA ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez 
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo .

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo los aliviaré. Cargad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso” (Mt 11, 28-29)

¿Estuvo cansado en algún momento Jesús de la cruz? Del peso físico puede que sí (Jesús era humano) pero nunca del valor espiritual de lo que llevaba sobre sus hombros.

En esa cruz van las preocupaciones de nuestro hoy. Las dificultades en las que, un día y otro también, se enmaraña nuestro deseo de felicidad o de disfrute. En esa cruz, pesada pero ligera para Jesús, avanza el agobio de un futuro que no sabemos muy bien dónde acabará. En esa cruz, si nos agarramos a ella, puede más la fidelidad que todo lo que nos preocupa. Vence más el Amor (con mayúsculas) que el intento de diseñar un mundo al margen de Dios, como si Dios no existiera.

Al contemplar a Jesús en el suelo qué bueno sería recordar que “ no somos nosotros quienes ganamos a los hombres para Dios. Hemos de conquistarlos desde Dios y para Dios. (Benedicto XVI).

Con Cristo, pero mirando hacia el Padre, hemos de mantener viva la esperanza en medio de tanto desconcierto. ¿Estamos dispuestos? ¡Cristo se levanta para que junto con Él demos hasta el último suspiro por un mundo mejor!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

Padrenuestro

 

DÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras 
Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Llegados al lugar llamado Gólgota le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel, pero él, habiéndolo gustado, no quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos a suerte” (Mt. 27,33)

A veces nos seduce la elocuencia, las hermosas y bonitas palabras. Jesús, además de sublimes mensajes, nos habla con su propia vida.

Su desnudez, antes de subir a la cruz, nos recuerda aquella pobreza con la que vino revestido en Belén. Desnudo vino al mundo Dios y, por amor al hombre, se deja arrancar aquello que tanta importancia damos en nuestro vivir: los vestidos.

Al pie de la cruz Cristo nos habla desde su pasión por el hombre. Para caminar desde Dios no podemos presentarnos ante el mundo disfrazados con signos contrarios a la fe. No podemos vivir como viven los demás ni hacer todo lo que hacen los que nos rodean.

Jesús, despojado de sus vestidos, pone delante de nosotros nuestra propia realidad. ¿De qué tendríamos que desprendernos para estar más cerca de la cruz? ¿Qué ropajes nos impiden ser mejores cristianos, más católicos, buenos testigos del evangelio?

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

Padrenuestro

 

DÉCIMA PRIMERA ESTACIÓN: Jesús es clavado en la Cruz 
Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los dos malhechores, uno a la derecha y el otro a la izquierda” (Lc 23,34)

En un pesebre de madera fue colocado Jesús en aquella noche en la que, Dios, saltó desde el cielo hasta la tierra. ¡Qué gran salto! ¡Dios se hacía hombre!

Sobre un trozo de madera, en forma de cruz, es clavado Cristo para dar un nuevo salto de la vida a la muerte y, de la muerte, a la eterna vida. ¡Qué gran salto! ¡El hombre, por fin, podrá vivir con Dios!

En una sociedad repleta de ruidos apenas se escuchan los golpes que da el martillo sobre la cruz. ¿Interesa hoy Dios al hombre?

“El gran problema que tenemos en nuestro tiempo es la crisis de Dios. Un vacío de Dios que a veces podemos camuflar o disfrazar debajo de una religiosidad vacía” (Benedicto XVI)

Con Jesús sobre el madero, hoy más que nunca, debemos hablar de Dios y con Dios. No podemos hacerlo al margen de El. Sin escuchar los latidos de su corazón. Sin mirar frente a frente a un Cristo que sea ha dado hasta el final por nosotros.

También los cristianos podemos vivir como si Dios no existiera.” “Donde está Dios hay futuro” (Dijo recientemente el Papa Benedicto). Que nos sintamos llamados en la Nueva Evangelización a ser anunciadores de Dios. Desde nuestra propia experiencia. Sabiendo que, Dios, nos arropa y hace suyo todo nuestro esfuerzo por hacerle presente en el mundo.

¡Acuérdate de mí, cuando estés en tu Reino! Le sugirió el buen ladrón ¿Nos reconocerá el Señor por lo que hemos hecho por Él, en Él y para Él?

Contemplando a Cristo crucificado no podemos quedarnos en un cristianismo de merengue o facilón. Hay que dar un paso más. Identificarnos de tal manera con Cristo que, allá donde vayamos, seamos un signo de su presencia.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

Padrenuestro

 

DÉCIMA SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús muere en la Cruz 
Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrieron la tierra hasta la hora nona. El sol se eclipsó y el velo del Templo se rasgó en medio. Y Jesús, con fuerte voz dijo: ‘Padre en tus manos encomiendo mi espíritu’. Y al decir esto, expiró” (Lc 23, 44-46)

Te he sido fiel hasta la muerte, pueblo mío. Te he dado amor hasta morir por ti, pueblo mío” Estas podrían haber sidolas últimas palabras pronuncias por Jesús desde el altar de la cruz.

¡Cuánto valoramos las grandes hazañas de las personas! Una buena acción equivale a millones de palabras. Mejor dicho; no son necesarias las palabras…cuando habla el amor.

La vida de Jesús ha sido eso: un canto apasionado por el hombre. Quería recuperarlo desde Dios y para Dios y, ahora, se encuentra sólo en la cruz.

Aquel que multiplicó panes y peces, que devolvió a la vida a su mejor amigo, que curó enfermedades y salió al encuentro de amigos y enemigos…..cierra sus ojos en una cruz sin más compañía que la madre y el discípulo amado. ¿Y dónde están los demás? ¿Dónde los que le aclamaban con palmas y mantos por las calles?

Con Jesús, la cruz, se convierte en escalera de gloria. En árbol de vida.

Abre sus brazos y ya nunca los cerrará para que, por siempre entendamos, que el amor de Dios no caduca nunca, no es rencoroso, perdona y nos aguarda.

Así apareció Dios, con los brazos abiertos, por amor al mundo en Belén

Y así se va el Señor…en silencio….sin reproches…..una vez más hablan sus gestos: se va el Señor con los brazos extendidos a toda la humanidad.

¡Gracias, Señor! ¡Es tu amor quién nos salva! ¡Fiel hasta la muerte! ¡Sólo tu amor es así Señor!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

Padrenuestro

 

DÉCIMA TERCERA ESTACIÓN: Jesús en los brazos de María Santísima 
Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala” (Jn 19,25)

No son aquellas horas de Nazaret en las que, por la ventana de su casa, se acercó el Ángel Gabriel para darle una gran noticia.

No es ahora aquel momento en el que, María, contemplaba con gozo y con los ojos abiertos el sencillo homenaje de pastores y reyes ante un Dios recién nacido.

Ahora, y sobre madera también, no se escucha el llanto del Niño. No suenan ya himnos celestiales como en aquella noche en la que, con la fuerza del amor, descendió el Amor hasta la tierra.

No solamente hay una cruz alzada disparándose hacia el cielo. También, como lo anunció un anciano, “una espada te traspasará el alma..María”.

Pero entre aquella Noche Santa de Navidad y entre estas horas de dolor, hay algo que no ha cambiado: el amor de la Madre.

María; con los brazos abiertos en Belén recogiendo al Verbo Encarnado

María; con los brazos abiertos, al pie de la cruz, abrazando al que durante nueve meses llevó en sus entrañas: a Cristo.

María; siempre ahí…al pie de la cruz de cada uno de nosotros. Cuando nos traicionan o llega la hora nona de nuestras pruebas, fracasos, dolores, sufrimientos, decepciones o traiciones.

¡María! Cuántas veces, sin darnos cuenta nosotros de ello, contempla (en silencio y con los brazos abiertos) cómo nuestros cuerpos se desmoronan por situaciones de desconcierto; por placer sin amor; por el camino fácil pero que conduce a la ruina; por la agenda de cada día exenta de valores eternos.

¡María! Acógenos con la misma fe que, en tus brazos, recogiste a Jesucristo. Guárdanos en tu pecho, con el mismo amor, que acariciaste a tu Hijo. No dejes, Madre, de permanecer vigilante, atenta…cuando en algunas cruces nos crucifiquen por el hecho de querer ser diferente, por querer ser amigos de Cristo.

Estrella de la Nueva Evangelización, que la Iglesia nunca se canse de permanecer al pie de las luchas y de los dolores de los crucificados de hoy. De los que saben que, no hay mayor alegría que el dar la vida por los demás, aún a riesgo de ir muriendo.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

Padrenuestro

 

 DÉCIMA CUARTA ESTACIÓN: Jesús es puesto en el sepulcro 
Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.

“José tomó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, y lo depositó en su propio sepulcro nuevo, que había hecho cavar en la roca, hizo rodar una piedra grande a la puerta del sepulcro y se retiró”. (Mt 27, 59-60)

¿Todo ha acabado? ¿Ha merecido la pena el que Dios se arriesgase tanto por atraer el corazón de la humanidad hacia Él? ¿Por qué el Amor no ha sido correspondido con más amor? ¿Por qué, la violencia, se escucha más que el amor? ¿Por qué cuesta tanto levantar y, tan poco destruir?

El silencio del Nacimiento de Cristo…se prolonga y se visualiza una vez más en el sepulcro. Entonces en un pesebre el Señor fue un cuerpo inocente, pequeño…..hoy, en el sepulcro, un Jesús inválido, inerte…derrotado.

¿Fracasado? ¡No! La muerte no tiene la última palabra. Después del silencio de estas horas amargas se cumplirán las promesas de Aquel que lo dio todo por un poco de fe en su Padre.

La sociedad nos educa para el éxito y la luz, el sensacionalismo y lo superficial. La fe, por el contrario, nos hace fuertes para cuando se apaguen las luces del mundo. Nos hace mirar más allá de nosotros mismos.

Detrás de la noche oscura, que a todos tarde o temprano nos llegará, se encuentra la promesa del Señor de que estará junto a nosotros todos los días de nuestra vida.

Dejemos al Señor descansar. Su intenso trabajo. Su amor por los más pobres. Su compromiso con el Reino de Dios….le arrastran hasta la muerte.

Pero el Señor volverá. Y cuando vuelva nos traerá vida para todos. Eternidad para el que crea y espere en Él.

¡Gracias, Señor! Tu anuncio, tus palabras, tus milagros, tu presencia y tu proyecto no ha caído en vacío. Sabemos que, pronto, muy pronto…volverás con vida para todos.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de nosotros

Padrenuestro

 

ORACION FINAL

Señor Jesús, hemos llegado al final de este camino doloroso que tú recorriste.

Ahora levantamos nuestra vista y te vemos suspendido en la cruz,

con las manos y los pies traspasados por los clavos

y con la cabeza coronada de espinas.

Sabemos Señor Jesús,

que tu sufrimiento es el fruto de tu infinito amor por nosotros.

Tú agonizas y mueres por nosotros.

Haz que también nosotros te amemos mucho,

para que vivamos fielmente a tu pasión y muerte

y jamás nos separemos de ti por el pecado. 
Te lo pedimos por los dolores de tu madre

la Virgen María. Amén.

 

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