La homilía de Betania IV Domingo de Pascua

Posted on 27 abril, 2012

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La homilía de Betania IV Domingo de Pascua
29 de abril de 2012

1.- LOS BUENOS “PASTORES” DE HOY

Por Gabriel González del Estal

1.- El buen pastor da la vida por las ovejas. El “dar la vida” debemos entenderlo en un sentido amplio. Da la vida, por supuesto, el que vive dedicado en cuerpo y alma a los demás y muere en acto de servicio; pero también da la vida por sus “ovejas” el que dedica toda su vida al servicio del prójimo más necesitado, aunque muera, agotado y en paz, en la cama. En la Iglesia católica podemos presentar a muchos de estos pastores que dieron su vida por sus ovejas, no sólo los maravillosos ejemplos de la madre Teresa de Calcuta o de Vicente Ferrer. En países de misión, y dentro del propio ámbito local en el que trabajan, son muchas, muchísimas, las personas que gastan y consumen su vida trabajando por los demás. No lo hacen por intereses económicos, o políticos, o de poder; no, lo hacen por amor al prójimo. Tampoco debemos pensar que estos buenos pastores son siempre curas, frailes o monjas; hay muchísimos seglares que dedican su vida a ayudar a los demás y lo hacen movidos por su amor a Dios y al prójimo. También estos son, en el mejor sentido de la palabra, buenos pastores. Todos los cristianos debemos aspirar a ser buenos pastores, por la sencilla razón de que todos los que queremos vivir como discípulos de Cristo debemos tratar de imitar al Buen Pastor. En este domingo del Buen Pastor todos los cristianos debemos preguntarnos si, de verdad, estamos dando la vida por los demás, imitando a nuestro único Pastor. Sería muy triste comprobar que los no cristianos no nos ven a los cristianos como personas entregadas al servicio de los demás, desinteresadamente y por amor. Y si a los que nos llamamos curas, frailes, monjas, obispos, cardenales, Papas, no nos vieran los seglares como personas dedicadas enteramente a los demás, es decir, como buenos pastores, sería algo realmente lamentable.

2.- Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil. El buen pastor siempre es católico en el sentido literal de la palabra, es decir, universal. Nuestro amor y nuestro servicio a los demás no debe conocer barreras, ni fronteras nacionales, étnicas, sociales, ni religiosas. Es natural que, en la práctica, nuestro amor y nuestro servicio vaya dirigido en primer lugar a las personas que viven en nuestro entorno más cercano, pero, si llega el caso, nuestro amor debe ir siempre más allá del redil en que nos movemos. Son los más necesitados los que más necesitan nuestra ayuda y hacia ellos deben ir encaminados nuestros esfuerzos y servicios. Aunque estas personas más necesitadas sean emigrantes, o no católicos, o simplemente extraños y desconocidos. Lo que queremos es ayudar y servir; la medida de nuestro amor sólo estará condicionada por el grado de necesidad de las personas que más necesitan nuestra ayuda.

3.- Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Esta es la razón más profunda y verdadera del amor de Cristo, Buen Pastor, a todas sus ovejas: que todos somos hijos de Dios, que Dios es padre de todos. Y esta debe ser también la única brújula que guíe y oriente nuestro amor a los demás: todos somos hermanos, porque todos somos hijos de un mismo Padre: Dios. Mientras vivimos en este mundo nuestra condición de hijos de Dios aparece siempre enturbiada y oscurecida por la materialidad viscosa de nuestra apariencia corporal. Sólo la fe nos hace ser plenamente conscientes de nuestra condición de hijos de Dios. Movidos, pues, por la fe, atrevámonos todos los días a llamar a Dios: Abba, Padre. Y atrevámonos a llamar “hermanos” a todas las personas con las que nos encontremos y a considerarlas como tales. Todos estamos dentro del redil de Dios, guiados por en único pastor, que es Cristo.


2.- EL BUEN PASTOR DA SU VIDA POR NOSOTROS

Por José María Martín OSA

1.- Da la vida por las ovejas. Jesús usa la expresión “Yo soy el buen Pastor”, apropiada y entendible en un país agrícola y pastoril. En una cultura urbana e industrializada quizá diga menos. Sin embargo, es preferible a la de gobernante, dueño, amo, jefe o responsable. La figura del pastor es equívoca. Si Jesús se apropia esa figura, no es para legitimar toda clase de autoritarismos sino para descalificarlos. Ha venido a servir y no a ser servido. Por eso, superando todos los esquemas de una autoridad entendida y practicada como dominio, se hace cordero para ser así el buen pastor, no siendo lo uno sin lo otro. El da la vida por sus ovejas. Pedro en el discurso del Libro de los Hechos pone en evidencia a las autoridades judías porque “han desechado la piedra angular”, que es Jesucristo. Han sido unos malos arquitectos, no han comprendido el mensaje de Jesús.

2.- El buen pastor está cerca de las ovejas, las conoce, las cuida, va delante de ellas. Vive entre ellas y por ellas. A las cojas y enfermas no las abandona ni remata, sino que las presta un cuidado especial. Busca a la perdida y está dispuesto a dar la vida por todas. El buen pastor no se entiende en términos de explotación o dominio, sino de vida, pastos y salvación. Al buen pastor se contrapone el asalariado y el mercenario, al que no le importan las ovejas. Por otra parte, Jesús quiere que le sigan libremente y no bajo la presión de métodos coactivos. Le basta con su voz, con el testimonio de la verdad que nos hace libres. Los que son de verdad conocen su voz y le siguen. Pero vemos por desgracia cómo muchos que se llaman pastores corren el peligro de olvidar que la Iglesia de Jesús es una iglesia del libre seguimiento.

3.- ¡Somos hijos de Dios! El buen pastor es el que mantiene unido al rebaño, el que hace comunidad. Si Jesús es pastor es porque hay ovejas, hay comunidad. El pastor sólo se entiende en función del rebaño, sin éste no hay ni se necesita pastor. Así es como en torno a Jesús nace la comunidad, la Iglesia, como algo lógico y espontáneo. Se excluye todo dominio. Lo que hoy se necesita es una comunidad de testigos, capaces de dar razón de su esperanza. Nosotros debemos aspirar, no a la presión de la cantidad, sino al valor y al coraje del testimonio. Lo nuestro, como discípulos de Jesús, es anunciar fielmente el evangelio, practicando sin equívocos sus exigencias, para que el mundo “vea nuestras buenas obras y alabe al Padre que está e los cielos”. Anunciamos la gran noticia: ¡Somos hijos de Dios! Este mundo anda despistado, no conoce la grandeza de esta noticia. Nosotros debemos anunciar a Jesucristo vivo y resucitado para que todo el mundo le conozca. El futuro que nos espera es único: seremos semejantes a él y le veremos tal cual es.


3.- AUTÉNTICOS PASTORES, AUTÉNTICAS OVEJAS

Por Pedro Juan Díaz

1.- Este cuarto domingo de la Pascua es conocido como el domingo del Buen Pastor, por las alusiones que hay en la liturgia (textos, oraciones…) a esa relación pastor – ovejas que tanto le gustaba a Jesús y que fue bien asimilada en las primeras comunidades cristianas. Quizá hoy a nosotros nos cueste un poco más, ya que nuestra mentalidad está alejada del ámbito rural. Pero no deja de ser una de las imágenes más expresivas de lo que Jesús es para nosotros: él es nuestro Buen Pastor.

2.- Lo primero que me llama la atención de esta expresión “Buen Pastor” es, precisamente, esta primera palabra. Jesús es un pastor “bueno”, pero no en el sentido moral, de portarse bien, de eso que le decimos a los niños: “se bueno”. Aquí “bueno” tiene un sentido, según su traducción griega, de autenticidad. Jesús es el AUTÉNTICO PASTOR. Ser auténtico significa también ser genuino, fiel, probado, autorizado, verídico, legítimo, confirmado, incontestable. Todas estas cosas las decimos de Jesús. Y nos apoyamos en una afirmación que se repite hasta tres veces en el evangelio de hoy. Jesús es el auténtico pastor porque “da la vida por las ovejas”. Así empieza el evangelio de hoy. Más adelante, vuelve a decir: “yo doy mi vida por las ovejas”. Y finalmente, termina diciendo: “Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida”. A Jesús le importan tanto sus “ovejas” (nosotros), que está dispuesto a dar su vida, y de hecho lo hizo. Ese “dar la vida” es la prueba de autenticidad del Buen Pastor, frente a los pastores que son asalariados, a los que no les importan las ovejas y que huyen ante la primera adversidad.

3.- Otro rasgo de esa autenticidad es el conocimiento mutuo entre el pastor y las ovejas: “conozco a las mías y las mías me conocen”. También la preocupación por las ovejas llega hasta el deseo de atraer a otras que no están en el redil, es decir, que están alejadas: “también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor”. Finalmente, la entrega del auténtico pastor es una entrega que nace de la libertad: “nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente”.

4.- Todos estos rasgos del buen pastor me hacen preguntarme también por la autenticidad de las “ovejas”. La segunda lectura, del apóstol San Juan, habla de unas “ovejas” que son algo más: “mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!”. Pero aún hay más: “aún no se ha manifestado lo que seremos… sabemos que… seremos semejantes a Él”. El auténtico Pastor tiene capacidad para dar vida porque es Padre. Y las auténticas ovejas hemos de vivir como HIJOS, ahí radica nuestra autenticidad, en vivir nuestra condición de hijos de Dios. Esta condición nace del Bautismo, pero no conviene confundir “bautizado” con “discípulo”. Todos somos hijos de Dios por el Bautismo, pero no todos vivimos nuestra condición de hijos de Dios de manera auténtica y veraz. Ahí es donde creo que nos cuestiona el evangelio de hoy.

5.- El Buen Pastor nos llama a vivir nuestra vida de manera auténtica, orgullosos de nuestra condición de hijos de Dios, y coherentes con ella. El Buen Pastor nos da su ejemplo y su testimonio, dando su vida por nosotros, sus ovejas. El Buen Pastor nos invita a conocerle en profundidad, a escuchar su voz, para no confundirla con otras voces que nos llevan por otras sendas. El Buen Pastor quiere hacer un solo rebaño, y le preocupan todas las ovejas, pero especialmente aquellas que están más alejadas del redil. El Buen Pastor actúa con mucha libertad y con mucho amor, invita, propone, respeta y no deja de amar a ninguna de sus ovejas, por eso dio su vida, y por eso lo actualizamos cada vez que celebramos la Eucaristía.

6.- Cada domingo, el Buen Pastor nos invita a sus verdes praderas donde el alimento es Él mismo, su Cuerpo y su Sangre. Él es la piedra angular que sostiene nuestra fe y nuestra vida, que nos hace ser comunidad, familia, Iglesia, y que nos reúne para compartir nuestra condición de hermanos, para que seamos pastores unos de otros, para que vivamos nuestra fe con autenticidad, para que le reconozcamos como nuestro Padre, como nuestro auténtico Pastor, y para que seamos auténticas ovejas, auténticos hijos suyos.

Fuente: www.betania.es

 

 

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