SERGEI BULGÁKOV. SENTIDO Y SIN-SENTIDO DE LA ECONOMÍA

Posted on 6 septiembre, 2013

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Sergei Bulgákov. Sentido y sin-sentido de la economía

 
Sergéi Bulgákov (derecha) junto a Pável Florenski.
Pintura de Mijaíl Nésterov.
 
La vanguardista teoría sobre la “Filosofía de la economía” de un filósofo-sacerdote ruso de comienzos del siglo XX
Quizá el lector se sorprenderá de que se pretenda despertar la curiosidad por un pensador que además de ser ruso es bastante desconocido en Occidente. Sin embargo, SERGEI BULGAKOV (1871-1924) defendió en 1912 una famosa y controvertida tesis doctoral sobre la “Filosofia de la economía” en la Universidad Imperial de Moscú cuyo contenido causó por entonces bastante escándalo entre varios de sus colegas de la ‘Inteligencia’ rusa. En la historia intelectual y espiritual del siglo XX -asi lo afirmó en 1990 Constatín Adránikov, el traductor al francés de las obras de Bulgakóv para la editorial L’Age d’homme- el padre Bulgakóv es una figura de primera categoría y, ademas, profética tanto por su pensamiento como por su biografía. Sus trabajos filosóficos y teológicos, por su amplitud y coherencia, por su profundidad y su novedad y, por tanto, su alcance histórico lo situarían en cabeza de los espíritus de nuestro tiempo. Sus discípulos entusiastas le han llamado ‘El Orígenes del siglo XX’. ¿Exageran?
 
Su legado filosófico ‘La lumière sans declin’ lo terminó de escribir en 1916, durante la primera guerra mundial, y lo publicó en 1917, precisamente entre la revolución de Febrero y la de Octubre, revolución que marcara en su despliegue, su agonía y muerte -y hasta mas allà de ella- el curso de la historia de la humanidad. Es en este sentido que resulta un tanto trágico el hecho de que esa Rusia albergara en su seno a un ‘sabio’, en el umbral de la Revolución, que -más allá de la fácil retórica entre liberalismo y socialismo- contara con una crítica cabal al ‘materialismo económico-filosófico’, defendiendo una especie de antropología económica bastante preclara en su contexto histórico y geográfico. Haciendo hincapié en el carácter contingente y relativo de la economía en cuanto tal, nos hace comprender el porqué profundo de la actitud en cierto modo ‘pragmática’ de la ciencia económica frente a la filosofía económica. Eso sin justificar, no obstante, el utilitarismo benthamiano, el cual es calificado de materialismo económico sui generis basado en un pesimismo antropológico extremo: la ficción del “homo oeconomicus”.

De cualquier forma, Bulgakóv sorprende por su gran erudición, por la enorme extensión de los autores y campos de investigación asimilados en su pensamiento. Ya antes de sus grandes trabajos propiamente teológicos, tras su ordenación sacerdotal, en ‘La lumière sans declin’ (1917) traza un balance histórico de la actividad humana. En este sentido sus obras filosóficas se podrían calificar de precursoras de la ‘filosofía de la acción humana’, en cuanto dibujan no un sistema sino un conjunto orgánico de pensamiento acerca de la ontología, la axiología, la escatología, pero también de la fenomenología de la acción humana. Sobre todo impresiona por la amplitud de su diseño y el análisis erudito que nunca cede ante la gran sugestividad literaria de su pensamiento. La traducción al francés es magnífica y consta que sus análisis contienen la suficiente explosividad y actualidad para que una traducción al español pudiera resultar sumamente provechosa; o por lo menos de aquellas partes de su obra donde trata explícitamente de la economía, del trabajo o de la acción humana en general.

En la ‘Filosofía de la economía’, no obstante la dura crítica al materialismo económico, Bulgakóv hace resaltar la importancia del problema que éste plantea. Denuncia su absolutismo, ontologismo, monismo metafísico (205), su amalgama o confusión de la metafísica y la ciencia, dejando patentes las contradicciones del materialismo económico en cuanto metafísica o religión (207) disfrazada de ciencia (208); también desenmascara su estatuto de ‘camaleón lógico’ (213) tanto como la obvia contradicción entre su determinismo y su moralismo encubierto; y -en último término- su escepticismo. Aun así -asevera Bulgakóv- no se puede suprimir la importancia del materialismo económico-histórico-filosófico. Así lo expresa también al final del libro afirmando que aquél es “el primer ensayo de una filosofía de la economía”. Pese a la multiplicidad de errores y contradicciones “una idea chocante es expuesta, un problema específico se plantea y una nueva preocupación filosófica es provocada. Planteada la cuestión de la filosofía de la economía por primera vez por el materialismo económico, ésta perdurará seguramente más que aquél” (218). Lo que Marx nos transmite en definitiva es una pesadumbre, pero ésta “encierra una verdad, no teórica sino práctica y moral que al ‘espíritu burgués’ no le es accesible. Bajo la máscara de un racionalismo glacial y de una teoría fea se descubre la tristeza de un hombre acerca de su propio ‘yo’, la aflicción del ‘rey de la naturaleza’ prisionero de los elementos de una naturaleza indiferente y hasta hostil. En esta teoría lamentable queda expresada, en definitiva, la tragedia económica de la vida humana… Una maldición (llena de sentido religioso) pesa sobre el hombre: …la falta de ‘riqueza’. 

…No obstante, el materialismo económico se queda impotente ante una antinomia que hunde sus raíces en el origen mismo de la historia humana: la antinomia entre libertad (yo) y necesidad (no yo). Como un Fausto, tiene dos almas que miran en direcciones opuestas. A causa de su sociologismo, el materialismo económico ignora a la persona humana. Tal concepción no deja lugar a la libertad -y a la actividad creadora que ésta implica-, ni a un cierto ‘pragmatismo humano’ sea el que fuere. Es un mecanicismo metafísico, no científico. El ‘economicismo’ más que ciencia es un sentimiento de la historia que pretende explicitarse en una doctrina científica o filosófica.

A algunos tal vez no llaman especialmente la atención tales afirmaciones porque, discurridos 90 años ya desde la publicación de la ‘Filosofía de la economía’, hoy en día son tantas las cosas que se han escrito y dicho acerca de los fallos del materialismo dialéctico y su disputa con el liberalismo. Pero el hecho de que en 1912 en Moscú hubo quien refutara el economicismo y anticipara toda la tragedia comunista, tiene su mérito particular, sobre todo porque Bulgakóv no ceja en su empeño analítico hasta captar el sentido más hondo y profundo de la actividad económica: la sed infinita del hombre de Dios que es riqueza, omnipotencia, belleza, etc.., atributos que el hombre puede adquirir en cierto modo mediante su trabajo aunque, en último término, éste no tenga fuerza escatológica (110). De este modo, en cuanto a su carácter de vanguardia, la obra de Bulgakóv sólo es equiparable al ‘Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y socialismo’ (1850) de Donoso Cortés quien más de medio siglo antes había desenmascarado el socialismo de Proudhon en tanto que consecuencia inexorable de los presupuestos ideológicos de la revolución liberal.

Adentrándonos en la obra de Bulgakóv, hemos de aplazar -de momento- la cuestión por el ‘sentido’ para centrarnos en otra, previa además a toda investigación propia de la economía. Antes de cualquier pregunta acerca de su fenomenología, su axiología y escatología, hemos de resolver teóricamente cuáles son las condiciones de posibilidad de la actividad económica, es decir, cuáles son las bases ontológicas que permiten al hombre intervenir en el mundo del no-yo. Dentro de los límites de lo conveniente en este lugar, sigamos el argumento del mismo Bulgakóv, aunque no sin advertir al lector, como preámbulo a todos los argumentos citados, de que -entre otras razones, acaso propias de la teología ortodoxa- su afectación intelectual por el naturalismo de Schelling -pese a su oposición a Hegel- ha de firmar responsable del univocismo de su concepción del ‘ser’, frente a la concepción de analogía propia del pensamiento católico (al menos antes de su enredo con el equivocismo de la escuela nominalista, que está detrás de todo liberalismo doctrinario):

“Todo organismo vivo en tanto que cuerpo o materia organizada está ligado indisolublemente al universo. … (Pero) no es suficiente reconocer ese comunismo físico… sino además hay una relación determinada entre la sustancia viva y la sustancia inerte o muerta… (También) ese comunismo de la vida y la muerte, esta misteriosa identificación entre ellas, la mortalidad de toda vida, pero aparentemente también, la capacidad de lo no-vivo de ser vivificado, son propios los bases mismas de nuestra existencia terrestre y es sobre éstas que está fundamentada la posibilidad de una relación económica con el mundo. … Potencialmente el universo entero está en condiciones de convertirse en cuerpo nuestro, ser su prolongación periférica. … El mundo entra dentro de nosotros por todas las puertas y ventanas de nuestros sentidos, lo recibimos y lo asimilamos. El conjunto de este consumo del mundo, de esta comunicación esencial, de este comunismo del ser fundamenta todos nuestros procesos vitales. … La biología no resuelve ni suprime el problema más general y metafísico del sentido de la comida. … La comida manifiesta nuestra unidad esencial, metafísica con el mundo. … Así la posibilidad del consumo es por principio fundamentado sobre el comunismo metafísico del universo, sobre la identidad original de todo lo que es. … Además, la unidad biológica (de la humanidad) es un hecho extraordinario, no tanto por su significado genético sino por el simbólico: es la expresión empírica de la unidad metafísica, fuera de la cual toda la historia no es más que un incomprensible montón de átomos. … (Así los) individuos son copias, ejemplares; el género es su idea que existe sobrenaturalmente en la Sophía divina”. Tal vez esta conclusión platonizante que supone un realismo de las ideas no sea el único modo de llegar al hallazgo del ‘comunismo metafísico del universo’. Me parece perfectamente reinterpretable a partir de la solución gnoseológica realista: el ‘universal in re’.

“Es precisamente porque el universo (en cuanto tal) es un cuerpo vivo (un todo ordenado) que la vida puede surgir, alimentarse y multiplicarse. Esta aserción no debe considerarse como una posición de las ciencias naturales puesto que contradice lo que éstas establecen como hechos y criterios. … El todo de la naturaleza, con su carácter inmediato, se evapora sin dejar rasgo en las ciencias naturales, se muere. … (Esta unidad) no obstante es indudablemente la condición a priori metafísica de toda experiencia científica… Esta unidad suya se hace transparente en una función fundamental de la economía: el consumo. … Esta posición general de la filosofía de la naturaleza… tiene, por lo tanto, un valor apodíctico de certeza. … Se puede afirmar que el consumo no sólo atesta la identidad de la naturaleza sino, más todavía, es esta identidad en cuanto manifiesta, identidad in actu.

Kant había planteado la pregunta de cómo era posible el conocimiento objetivo, la experiencia, pero solamente en el sentido de un reflejo pasivo de la realidad como en un espejo. Schelling, a su vez, se ha preguntado cómo se hacía que el yo contemplativo, a lo Kant, podía contemplarse también en cuanto actuando, a lo Fichte, o cómo la identidad del yo del conocimiento y del yo de la acción eran posibles. Nuestro problema representa una variante y como una especificación de aquél, general, de Schelling. (Este lo había formulado) sobre todo desde un punto de vista gnoseológico, dejando abierta la posibilidad de tratarlo también según la filosofía de la naturaleza y la ontología. Se trata de saber cómo es posible una acción transubjetiva, aplicada a un objeto, tal como la producción. Sin duda la teoría del conocimiento la enuncia y la tiene en cuenta, pero un paso a la ontología se impone aquí. (Tal paso) probablemente sólo lo rechazarían el ‘solipsismo’ más exacerbado y el ‘acosmismo’ que, en el fondo, no son otra cosa que una especie de ontología escéptica. … La realidad viva del mundo exterior no se convierte en cuestión ineluctible y palpitante sino para la filosofía de la acción objetiva, es decir, la de la economía. … Esta relación activa, económica, con el mundo explica existencialmente el ‘realismo ingenuo’ que constituye la gnoseología natural y general de la humanidad, antes de toda reflexión filosófica. Sean las que fueran las conclusiones escépticas y destructoras del solipsismo, este realismo permanece en la práctica.

Analizando la economía bajo el ángulo de la producción hemos llegado a la misma idea de la identidad necesaria entre el sujeto y el objeto, del yo y del no-yo, de la conciencia y de la naturaleza que en la economía se manifiesta activamente. Sólo esta conjunción íntima de la naturaleza y del espíritu hace posible el consumo y la producción, la economía en general como proceso subjetivo-objetivo, como identidad in actu. Sólo esta premisa hace posible la economía. … En el sujeto-objeto… el ‘trabajo’ elemental o instintivo de la naturaleza se convierte en aquél, consciente, del hombre. … El trabajo, que ocupa un lugar tan importante en las doctrinas de la economía política, … (Èsta) no ha sabido cómo utilizarlo ni cómo situarlo porque su conciencia filosófica se movía sólo en un grado inferior y su horizonte espiritual estaba limitado. Así Èsta ha atribuido al trabajo un papel que no corresponde de ninguna manera al valor filosófico de ese principio. En primer lugar, principalmente en Adam Smith, de hecho en la mayoría de sus representantes, la economía política ha reducido la noción de trabajo a aquélla de producción, expresada en bienes materiales. En consecuencia, su atención periférica versa sólo sobre un aspecto del trabajo, el objetivo… Se ocupa con más voluntad de la historia de la técnica que de su problema de fondo, … a saber: como puede el sujeto encontrarse con el objeto por el trabajo. … Si la economía política, a causa de su ‘materialismo’, conoce el trabajo sólo en sus productos, en el objeto, ignorando en él al sujeto, un error análogo pero opuesto se repite en el idealismo subjetivo de Kant. … Una tal clasificación quizá tiene un sentido particular, pero no tiene ninguno en filosofía general. … (A pesar de las dificultades de dar cuenta del trabajo en la teoría del valor, desde mucho tiempo no es aceptable en la economía política,) el trabajo no guarda menos todo su sentido en cuanto base de la economía…

Esta claro que no decimos ésto (la identidad in actu) en el sentido del evolucionismo:… El mundo, con su forma acabada y resumida en Adán, con la humanidad por su centro, es creada por Dios, y lo que se desarrolla en el tiempo y constituye la historia no tiene otra cosa por fin que reproducir el vínculo interno y la correlación de los elementos del mundo, rotos por la caída. … (La) naturaleza entera, la historia, el carácter contradictorio de la conciencia humana y sus antinomias, son el testigo… de una catástrofe metafísica. … (Esta, sin embargo,) sólo alcanza la condición del mundo, no su composición. … En la economía, reproducción consciente de la naturaleza, se puede discernir una prefiguración, una anticipación del momento cuando la natura naturans será liberada de las miserias de la presente natura naturata.

(Bulgakóv responde, en definitiva, tanto afirmativa como negativamente a la pregunta de si) la economía encerraría un sentido positivo asignado específicamente por Dios, es decir, una humanización del hombre mismo por medio de la humanización de la naturaleza, una participación del hombre en las obras de Dios, en la transfiguración del mundo. … Defender la vida y ensancharla, resucitándola así en cierta medida: en esto consiste la actividad económica del hombre. Es la reacción positiva del principio vivificante contra el principio mortífero. Es la obra de la Sophía para restaurar el mundo, obra que lleva a cabo por intermediación de la humanidad histórica. Y es ella la que establece la teleología del proceso de la historia. El mundo, en cuanto Sophía, caído en una condición de no-verdad, o sea, de mortalidad, debe volver a la razón de la Verdad. El medio de esta repuesta en orden es el trabajo, o la economía… (Pero) el fin de la historia se halla más allá de sus fronteras, ella no representa más que el camino… Además, del mismo modo que la economía es meta-económica… el origen del trabajo económico se halla más allá de la historia y la economía en su sentido actual. Estas están jerárquica y cosmológicamente precedidas por otra economía, por otro trabajo, libres, desinteresados, obras de amor, donde no forman más que una unidad con la creación artística. El arte conserva, de alguna manera, este arquetipo de la obra económica.” 

Partiendo de las condiciones ontológicas de posibilidad de la economía hemos seguido, sólo en lo más esencial, el hilo argumentativo de Bulgakóv para terminar en la cuestión por el sentido de la economía: su teleología y posible escatología. En definitiva, mediante el trabajo el hombre intenta reconciliarse con Dios y con la naturaleza sin, no obstante, poder acabar esta ‘obra común’ de la cual habla Nicolas Fedorov, atribuyendo al trabajo una eficiencia escatológica real. Bulgakóv, por el contrario, expone con muchos matices una ontología, axiología (ética), teleología y fenomenología de la economía sin admitir que el trabajo de la humanidad tuviera una ‘fuerza’ transfiguradora inmanente. Porque nuestro autor no se salta a la torrera el Hiatus entre lo natural (naturaleza) y lo sobrenatural (gracia), tan fundamental en la Weltanschauung cristiana.
 
En sus obras posteriores a la ‘Filosofía de la economía’ -sólo se aludirá aquí a algún capítulo que otro en ‘La lumière sans declin’ o en ‘Ortodoxia’- va profundizando en estos temas en un marco de investigación que sucesivamente va rebasando los límites de la mera investigación filosófica. Así, la economía tiene un límite, por mucho que el mundo es tanto una ‘teofanía’ (postulado de un Dios trascendente al mundo) como una ‘teogonía’ (postulado de un Dios haciéndose en el mundo en cuanto que se actualiza en cada miembro de su corpus mysticum). Este carácter doble de teofanía y teogonía representa según nuestro autor una antinomia transcendental irresoluble racionalmente (‘Ortodoxia’: 180-186); porque por mucho que la economía tuviera las dos tareas principales y nobles de vencer la pobreza natural y la social, se topa con su misma incapacidad regeneradora. Además, el reconocimiento mismo de aquel límite es precisamente la salvaguardia ante el pesimismo y escepticismo que acosan al ‘materialismo económico’, sea en su vertiente socialista o liberal-utilitarista-individualista.

El trabajo y el consiguiente poder y la riqueza, que mediante aquél adquiere el hombre, indudablemente suponen una cierta victoria de la vida sobre la muerte; y la historia universal es esto. Pero, no puede vencer definitivamente a la muerte. (En la actualidad, esto lo pretenderían, como su expresión quizá más contundente e irrisoria, aquellas personas que hacen congelar su cuerpo para que por medio de alguna magia de la ciencia y técnica puedan resucitar algún día en este mundo). “Esta transformación, que es en realidad un nuevo acto creador de Dios de cara al hombre, el trabajo económico (a pesar de su ‘magia’ de poder y riqueza) justamente no puede efectuarlo”. Bulgakóv denuncia así la falsedad de una ‘escatología’ económica (del signo que fuera) que no significa más que una nueva vuelta al ‘mesianismo judáico’: la seducción por el reino de este mundo, objeto de la primera tentación diabólica: el hombre anhelando manifestarse como mesias económico que por el poder de su regulación de la naturaleza se vivifica y resucita” (‘La lumière sans declin’: 355; cfr. 336).

“Por la fuerza de las cosas todos los esfuerzos del economicismo miran a la perpetuación de la existencia de este siglo… Todas las teorías económicas, sobre todo las del socialismo, lo ponen de manifiesto: bajo el manto de la libertad mediante la acumulación de la riqueza pretenden consolidar la servidumbre económica del hombre, incitándole a realizar el ideal contradictorio de una libertad mágica o económica”. Pero la economía no tiene escatología, aunque se refiere a ella. La hipótesis contraria “provoca una definición errónea de la economía por olvido de su contingencia y su carácter relativo (idem: 337). … El hombre frente a la antinomia entre ‘necesidad’ y ‘libertad’ tiene que trabajar. La libertad (cfr. ‘Filosofía…’: 147, 149) se esfuerza en sobrepasar las fronteras que la necesidad le impone”. Bulgakóv defiende, en este sentido, una ontología realista de la economía al afirmar que “ir más allá de esta frontera es una obra real y no ideal, actual y no sólo intencional, al agregar el sujeto al objeto por el trabajo económico.

(Así) el hombre busca adquirir un poder sobre la naturaleza alienada, desea la libertad económica o riqueza”. No hay diferencia de fondo entre el que en un comienzo lo intentaba “por brujería o magia y ahora por medio de la ciencia y técnica, que es el tipo de magia que cautiva al hombre moderno. … En el trabajo el hombre manifiesta su libertad espiritual. En un límite, le es posible al hombre quererlo todo y poderlo todo: …o puede ser a la semejanza de Dios y participar en su vida… o se puede hacer instrumento del diablo y separarse de Dios autodivinizando al hombre y al mundo…”.

‘Hombre, tú puedes ser lo que tú quieras ser’, con esa re-contextualización de la sentencia del pensador renacentista Pico della Mirandola, Bulgakóv quiere subrayar nuestra responsabilidad personal ante la actividad económica: “(Tenemos) indefectiblemente conciencia de que nuestro ‘yo’ es nuestra obra y de que, por tanto, somos responsables de él. Somos lo que somos porque queremos bien serlo (151)…

Todas las decisiones, aunque le estarían impuestas al yo exteriormente por el objeto, los toma como sus decisiones, como sus determinaciones. … De hecho est·n siempre motivados o condicionados, pero su causalidad no es mecánica, … no se establece sin la libre intervención del ‘yo'” (159). En definitiva, nuestra libertad de elección es necesariamente limitada; sin embargo, nunca estamos privados de la libertad de decisión.
 
En resumen, en su ‘Filosofía de la economía’ Bulgakóv traza los fundamentos para una antropología y ontología de la economía, esboza su axiología o ética y teleología, dimensiones, sin embargo, de la economía cuyo estudio más profundo ha hecho preciso consultar alguna que otra gran obra posterior, en la medida que crecía como pensador cristiano-ortodoxo. Tal camino ‘in profundis’ parece muy comprensible en medio de las vicisitudes que para su vida supuso la Revolución del ’18. De todos modos, aporta luces nuevas acerca del sentido de toda actividad económica, el de ser manifestativa de una ‘escatología’ que el hombre no puede nunca realizar él mismo, ni en esta vida ni en esta tierra. En su ‘Filosofía de la economía’ Bulgakóv realiza una espléndida investigación sobre el ‘cómo es posible la economía’, criticando duramente al idealismo subjetivo-trascendental de Kant y Fichte, aprovechando y depurando la tesis schelliniana de la identidad entre sujeto y objeto. Este análisis crítico -yendo de Kant y Hegel a Bentham y Marx, sin omitir a Hume, Smith o Ricardo etc.., pasando por Fichte y Schelling y otros-hemos visto que es esclarecido por la concepción religiosa del hombre, ecónomo de lo creado (104), concepción que se revela como tanto más imperativa cuanto más las circunstancias históricas dieron origen a un peculiar agudizamiento del espíritu.

Dr. Andreas A. Böhmler ..

Fuente: Arbil.org

Sergei Bulgákov desarrolló su teología sobre la sofiología. La «sophía» es aquella realidad intermedia entre Dios y la criatura. Es la presencia de lo divino en lo creatural. La esencia de la Iglesia es ser el punto de unión entre la sophía divina y la sofhia creada. La Iglesia es la «Sophía», aquella es el sinergismo que une el cielo y la tierra. Su visibilidad es sacramental. Las celebraciones de los sacramentos justifican histórica y mistéricamente la existencia de la jerarquía. El Espíritu Santo anima a toda la Iglesia, clero y laicos: es en su sinfonía que Él hace oír su voz y da enseñanzas y directivas; no existen órganos especiales o de signos seguros. Buscarlos sería dar prueba de un “fetichismo eclesiástico”.

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