Meditación Lunes V Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A: Marcos 6,53-56: 10 de febrero, 2014.

Posted on 9 febrero, 2014

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Meditación Lunes V Semana Tiempo Ordinario. Ciclo A: Marcos 6,53-56: 10 de febrero, 2014.

El poder de Jesús nos toca en lo más íntimo, nos cura y salva

“Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados” (Marcos 6,53-56).

1. Jesús, te veo hoy volcado en la atención a los enfermos, una de tus misiones preferidas. Nunca dejas de ayudar a los que ves sufrir de enfermedades corporales, psíquicas o espirituales. Curas y perdonas, liberando a la persona humana de todos sus males. En verdad es cierto cuando se dice de ti: «pasó haciendo el bien». Como se nos dice hoy, «los que lo tocaban se ponían sanos». Hoy día la Iglesia quiere seguir reflejando tu corazón, Señor, con la atención a los pobres y desamparados, por ejemplo a través de Caritas. Basta ver la ayuda generosa de muchos a través de Caritas, cuando hay un desastre en algún lugar del mundo: es muy superior a la de muchos gobiernos. De ti entendemos, Señor, que la evangelización, misión fundamental de la Iglesia, va ujnida a la atención a los ancianos, débiles, enfermos, marginados en la sociedad… Ayúdame, Jesús, a ver que estás al servicio de todos, «mi Cuerpo, entregado por vosotros», y por tanto, yo también tengo que estarlo, «entregado por los demás» (cf Catecismo, 1503-1505 donde se habla de «Cristo, médico», y 1506-1510 sobre «sanad a los enfermos»: J. Aldazábal).

-“Jesús y sus discípulos atravesaron el lago; llegaron a la playa en Genesaret y atracaron. En cuanto salieron de la barca las gentes le reconocieron y corrieron de toda aquella región; y comenzaron a traer en camillas a los enfermos donde se enteraban de que El estaba”. El milagro de la multiplicación de los panes, que acaba de producirse ha suscitado el entusiasmo popular. Da la impresión de que buscas descanso para los tuyos, Señor, pero que viendo a la gente necesitada, queda éste para más tarde.

-“Adonde quiera que llegaba, en las aldeas, ciudades o granjas, colocaban a los enfermos en las plazas y le rogaban que les permitiera tocar siquiera la orla de su vestido. Y cuantos le tocaban quedaban sanos”. La ciencia médica ha progresado mucho, lleva a la práctica ese deseo tuyo, Jesús. Entonces había una concepción muy religiosa de la salud, ahora bien poco. Te pedimos ayuda, Señor, para que en nuestro tiempo tengamos también esa salud “espiritual”, esa paz y fe tan necesarias, “don de Dios”.

La enfermedad y los sufrimientos que la acompañan, sitúan al hombre en una terrible inseguridad: simbolizan la fragilidad de la condición humana, sometida a riesgos inesperados e imprevisibles. La enfermedad contradice el deseo de absoluto y de solidez, que todos tenemos: y es por ello que la enfermedad guarda siempre una significación religiosa, aun para el hombre moderno. De esta inseguridad radical, los médicos no pueden curarnos. Sólo Jesús puede hacerlo, por la fe, en cuanto esperamos la curación definitiva en el más allá (Noel Quesson).

Las almas se curan también con cariño, y al verte descubrir las necesidades de los demás, Señor, te pedimos que sepamos cuidar detalles como dar una palabra de aliento al compañero de trabajo; una sonrisa a quienes suben con nosotros en el ascensor; una atención y un recuerdo en la oración para quien nos pide ayuda por la calle. Detalles de alegría con el cónyuge y los hijos, a pesar de la tensión acumulada en el trabajo (Xavier Caballero).

San Gregorio Magno (Comentario al salmo 50) comenta que “Todos los que le tocaban quedaban curados”: “Imaginémonos en nuestro interior a un herido grave, de tal forma que está a punto de expirar. La herida del alma es el pecado del que la Escritura habla en los siguientes términos: ‘Todo son heridas, golpes, llagas en carne viva, que no han sido curadas ni vendadas, ni aliviadas con aceite’ (Is 1,6) ¡Reconoce dentro de ti a tu médico, tú que estás herido, y descúbrele las heridas de tus pecados! ¡Que oiga los gemidos de tu corazón, él para quien todo pensamiento secreto queda manifiesto! ¡Que tus lágrimas le conmuevan! ¡Incluso insiste hasta la testarudez en tu petición! ¡Que le alcancen los suspiros más hondos de tu corazón! ¡Que lleguen tus dolores a conmoverle para que te diga también a ti: ‘El Señor ha perdonado tu pecado’ (2Sm 12,13). Grita con David, mira lo que dice: ‘Misericordia Dios mío… por tu inmensa compasión’ (Sal 50,3).

”Es como si dijera: estoy en peligro grave a causa de una terrible herida que ningún médico puede curar si no viene en mi ayuda el médico todopoderoso. Para este médico nada es incurable. Cuida gratuitamente. Con una sola palabra restituye la salud. Yo desesperaría de mi herida si no pusiera, de antemano, mi confianza en el Todopoderoso”.

2. –“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Nos recuerda aquellas otras palabras: En el principio ya existía la Palabra” (Jn 1,1).

-“La tierra era informe y vacía, las tinieblas cubrían el abismo y el Espíritu de Dios -como un viento- aleteaba por encima de las aguas”. El “caos” se transforma en orden.

-“¡Hágase la luz! Y la luz se hizo. Y Dios vio que la luz era buena.” La «luz» vence sobre las «tinieblas». Yo soy la luz del mundo, dirá Jesús. Vosotros sois la luz del mundo, dirá a los cristianos. Luego vienen las aguas…

El relato llamado “sacerdotal” con que se abre el libro del Génesis tiene una visión del cosmos según la cultura de la Antigüedad, con la tierra como centro cósmico y “hizo Dios una bóveda” celeste y están separadas las aguas que hay debajo de las aguas que hay encima. Pero ahí se nos revela la verdad sobre el origen del mundo y la existencia del hombre. Hoy día, como antiguamente, se mezcla al hombre con Dios, pero aquí vemos que Dios es distinto, Creador que con su Palabra hace todas las cosas, completando el mundo con luz y el mar y las fuentes y los ríos y así de “la tierra brotó hierba verde…” Las plantas con los árboles y las flores… Los astros con el sol y la luna y las estrellas…Todo es una maravilla.

Los niños preguntan, antes de los 11 años: “¿Cuándo nació Dios?, ¿qué había antes de Dios?”: y se nos dice que Dios crea el tiempo, para él no existe ni siquiera el “antes”, pues es obra suya. En Dios, todo es “ya”.

San Agustín nos dijo: “No se lee en el Evangelio que el Señor haya dicho; os mando el Paráclito que os enseñará cómo camina el sol y la luna. Pues quería hacer cristianos, no matemáticos”. Y Galileo, comentando eso, añadió: “El Espíritu Santo en la Escritura no nos enseña cómo va el cielo, sino cómo se va al cielo”.

Hay más enseñanzas: toda criatura, por ser obra de Dios es buena, ya que ha sido creada conforme a la idea ordenadora de la inteligencia divina; en el “Tapiz de la creación” que se custodia en la Catedral de Gerona se hace expresiva esa verdad, señalando que “todo era bueno”.

La persona, como obra más perfecta es “muy buena”. Tiene que cuidar de todo, y todo está a su disposición, pero su trabajo será custodiar la obra de Dios. Contemplar la creación y al Creador, como leemos en san Juan de la Cruz: “¡Oh bosques y espesuras, / plantadas por la mano del Amado! / ¡Oh prado de verduras / de flores esmaltado! / decid si por vosotros ha pasado.

”Mil gracias derramando, / pasó por estos sotos con presura. / Y, yéndolos mirando, / con sólo su figura, / vestidos los dejó de su hermosura” (Cántico espiritual). Y Fray Diego de Estella dice: “Todas tus criaturas me dicen, Señor, que te ame y en cada una de ellas veo una lengua que publica tu bondad y grandeza. La hermosura de los cielos, la claridad del sol y de la luna, la refulgencia de las estrellas, las corrientes de las aguas, las verduras de los campos, la diversidad de las flores, variedad de colores y todo cuanto tus divinas manos fabricaron, ¡oh Dios de mi corazón y esposo de mi alma! me dicen que te ame.

”Todo cuanto veo me convida con tu amor, y me reprende cuando no te amo. No puedo abrir mis ojos sin ver predicadores de tu muy alta sabiduría, ni puedo abrir mis oídos, sin oir pregoneros de tu bondad, porque todo lo que hiciste me dice, Señor, quién eres. Todas las cosas criadas, primero enseñan el amor del criador que el don”.

-“Y vio Dios que todo era bueno”.

3. Por eso en el salmo cantamos: “Bendice, alma mía, al Señor, / ¡Dios mío, qué grande eres! / Te vistes de belleza y majestad, / la luz te envuelve como un manto”. Es la aventura de la creación, historia de Dios con el hombre: “Asentaste la tierra sobre sus cimientos, / y no vacilará jamás; / la cubriste con el manto del océano, / y las aguas se posaron sobre las montañas”. «Hiciste todas las cosas para colmarlas de tus bendiciones» (plegaria eucarística IV).

“De los manantiales sacas los ríos, / para que fluyan entre los montes; / junto a ellos habitan las aves del cielo, / y entre las frondas se oye su canto”. Y Dios lo hace bien, para que el hombre encuentre un mundo armónico, hermoso, capaz de darle felicidad: la luz, el agua, el día y la noche: “Cuántas son tus obras, Señor, / y todas las hiciste con sabiduría; / la tierra está llena de tus criaturas. / ¡Bendice, alma mía, al Señor!”

            Llucià Pou Sabaté

 Fuente: www.almudi.org

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