La Homilía: VIII Domingo, Tiempo Ordinario. Ciclo A. 2 de marzo, 2014.

Posted on 1 marzo, 2014

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La Homilía: VIII Domingo, Tiempo Ordinario. Ciclo A. 2 de marzo, 2014.

1.- ¿A QUIEN SERVIMOS?

Por José María Martín OSA

1.- Nadie puede tener dos amos al mismo tiempo. No podemos “servir a Dios y al dinero”. Jesús anuncia el peligro y riesgo de las riquezas. Aquí la palabra de Jesús no se anda con rodeos. La idolatría del dinero es mala porque aparta de Dios y aparta del hermano. La preocupación por la riqueza casi inevitablemente ahoga la palabra de Dios. La crítica de Jesús al abuso de la riqueza se basa en el poder totalizador y absorbente de ésta. La riqueza quiere ser señora absoluta de aquél a quien posee. Nadie puede tener dos amos al mismo tiempo porque terminará por cumplir con uno solo o no cumplir con ninguno, de la misma forma y con más razón es incompatible el servicio a Dios con el servicio a las riquezas. Sólo queda, por tanto, elegir entre uno y otro: o el Reino de Dios y su justicia, o el reino del dinero y sus injusticias. Jesús, como fino conocedor de la intimidad del hombre, sabe que su corazón está llamado a amar y entregarse; y siempre amará algo o a alguien, siempre buscará en el encuentro con las cosas o las personas esa corriente de dar y recibir, de vaciarse y de ser llenado.

2.- Evitar el agobio de los bienes materiales.: Buscad “primero” el Reino de Dios, dice Jesús. Sólo se busca lo que se valora como necesario. Jesús propone, en definitiva, una inversión en el orden de los valores, un ordenamiento distinto, una justicia distinta. El ordenamiento de la vida basado en el dinero genera en la persona un estado angustioso de agobio que termina por aniquilarla. ¿Y no vale más la persona que todos los dineros juntos? Contempla los pájaros: no hay en ellos el más leve asomo de angustia. Propone Jesús la confianza absoluta en Dios. Nos lo recuerda también Isaías: igual que una buena madre nunca se olvida de su criatura, de la misma manera Dios nunca se olvida de nosotros. Sólo en Dios descansa nuestra alma, proclamamos en el Salmo 61. La propuesta de Jesús es una apuesta por la libertad y la alegría de todos y cada uno de nosotros. Las palabras de Jesús nacen de su descubrimiento de una persona, de su descubrimiento del Padre. Esta experiencia de fe genera serenidad y evita el sufrimiento de la inseguridad por el futuro: “El mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos”. El evangelio de hoy nos invita a la confianza en Dios y a evitar el agobio de los bienes materiales.

3.-El Reino de Dios y su justicia. La injusticia social se opone a la construcción del Reino. Jesús no critica la riqueza en sí misma, sino la valoración de la riqueza como bien supremo y motor de las actividades del hombre. Jesús reclama la atención sobre el poder destructivo del afán de posesión, el verdadero anti-evangelio del Reino. Una sociedad fundamentada sobre el ideal de poseer más y más lleva necesariamente a la destrucción de todo ideal de comunidad auténticamente humana. El amor a las riquezas es un pecado netamente social y, por eso mismo, mucho más destructor que otro tipo de pecados, porque genera un pecado institucional, un sistema social injusto en el que la persona humana termina por ser considerada como un simple valor de intercambio comercial. La fe en Cristo postula un orden social en el cual la posesión de bienes y riquezas se someta a los postulados del Reino de Dios y su justicia.


2.- BUSCAR EL REINO DE DIOS

Por Pedro Juan Díaz

1.- Nos encontramos en el último domingo antes de comenzar la Cuaresma el próximo miércoles con la imposición de la ceniza. Dejamos aquí la lectura del sermón de la montaña. Si la liturgia continuara, aún leeríamos un domingo más este bello discurso de Jesús, pero llega la Cuaresma y se interrumpe el ciclo ordinario.

2.- Después de haber escuchado las bienaventuranzas y el amor a los enemigos, entre otras cosas, hoy Jesús nos habla de nuestra relación con el dinero y los bienes materiales. Son textos para leer despacio y apuntar algunas frases de Jesús que, si lo reconocemos con sinceridad, están hablando de actitudes y contravalores en los que nosotros caemos. Son, pues, advertencias para nuestra vida. Yo me he quedado con algunas frases que nos pueden ayudar a concretar el mensaje de Jesús. Por ejemplo:

– No podéis servir a Dios y al dinero.

-No andéis preocupados por la comida o el vestido. La vida y las personas son más importantes y Dios lo sabe.

-Dios alimenta a las aves del cielo y hace crecer los lirios del campo. Pero vosotros sois más importantes. ¿Cuánto no hará por vosotros, entonces?

-Dios sabe lo que necesitáis. Vosotros buscad primero el Reino de Dios y lo que es propio de él y lo demás vendrá.

3.- ¿Qué significa “buscar el Reino de Dios”? Yo entiendo que es poner en práctica una serie de valores y actitudes que Jesús nos anunció con su vida y nos propuso para la nuestra.

–El primero es el AMOR. Es el más importante, del cual se deriva todo lo demás.

– Si AMO… seré solidario, ayudaré al que lo necesita, compartiré lo que tengo, mis bienes, mi comida, mi ropa… a nadie le faltará lo necesario para vivir dignamente si yo puedo evitarlo.

– Si hago todo eso, Dios se hará más presente en la vida de esas personas y en la mía y su Reino crecerá. Por lo tanto, estaré haciendo crecer el Reino de Dios y todo lo que ello conlleva de una vida mejor para todas las personas, como Dios quiere. ¿Se entiende?

4.- El resumen de todo este mensaje está en la primera lectura, esa tan corta pero que contiene el núcleo de lo que estamos diciendo. ¿Cómo se hace presente Dios en nuestra historia y en nuestras vidas? La respuesta es amando. ¿Y cómo nos ama Dios? Como una madre ama a sus hijos. ¿Puede una madre olvidarse de sus hijos? Aunque así fuera, Dios no lo hará, no nos olvidará nunca y nunca dejará de cuidarnos. Así es nuestro Dios. Él nos ama y nos cuida a través de las personas que tenemos a nuestro alrededor y lo hacen. Seguramente Dios querría que fueran más y mejor, pero a veces nuestro corazón se endurece y se vuelve egoísta y el “poderoso caballero don dinero” gana la partida.

5.- Pero en la medida en que seamos conscientes de que las personas, nuestros hermanos y hermanas, son lo primero, cuidaremos de que a nadie le falte de nada. De esa manera, los demás experimentarán el cuidado y la cercanía de Dios, a través de nosotros, de nuestras acciones, de nuestro amor. También evitaremos caer en cosas superfluas. Dios sabe lo que necesitamos de verdad y nos lo da. De lo demás, podemos prescindir.

6.- Y cuando veamos que estas cosas no se dan, que en nuestra sociedad no se pone a las personas por encima de todo, sino que lo más importante es la economía, saldremos a la calle y protestaremos enérgicamente, ya que todo lo que vaya en contra de las personas, va también en contra de Dios. Por eso nos dice Jesús que no podemos servir a Dios y al dinero. Dios Padre ha creado todas las cosas para que todos sus hijos podamos vivir felices y de manera digna. Incluso ha creado el dinero para este fin. El dinero nos ha de ayudar a hacer felices a los demás y aliviar el sufrimiento de los que lo pasan mal. El dinero puede ser un signo, un sacramento del amor generoso de Dios, cuando lo liberamos de la ambición, de la avaricia, de la codicia, del rendimiento, de la obsesión por acumular, del competir por quien es más teniendo más.

7.- En la Eucaristía se hace visible la fraternidad y la solidaridad. Somos hermanos reunidos por un Padre común. Compartimos lo que tenemos de manera generosa en el momento de la ofrenda. Y desde ahí ayudamos a otros hermanos que no tienen lo necesario para vivir. Aquí se hace realidad el proyecto de Dios, si lo vivimos con sinceridad de corazón. Nos queda la invitación de Jesús: buscad el Reino de Dios. Lo demás, vendrá.


3.- HEMOS DE VIVIR SEGUROS DE QUE DIOS EXISTE Y QUE NOS AMA

Por Antonio García-Moreno

1.- MÁS QUE TODAS LAS MADRES JUNTAS.- Isaías recoge las quejas del pueblo. Quejas que quizá se hayan también esbozado en nuestro interior. Palabras doloridas que brotan de un corazón herido por la angustia y envuelto en la soledad. Quebranto de quien se ha visto cerca de Dios, y de pronto se ve lejos, abandonado, perdido, solo. Noche oscura del alma que no tenía otra cosa que a Dios, y que por la causa que sea se ve sin Él, desnuda y desamparada, sin tener dónde agarrarse, sin encontrar apoyo que la sostenga en su caminar vacilante.

“Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado”. No es verdad. Él no nos olvida. Él sólo permite que nosotros, libremente, nos alejemos y le olvidemos. Entonces, cuando uno se da cuenta de la gran equivocación, cuando uno percibe lo que significa estar sin Dios, entonces viene la zozobra y la angustia, el escozor de la peor soledad que pueda afligir al hombre. Y al no encontrar ni paz ni sosiego en nada ni en nadie, el hombre vuelve sobre sus pasos y acude de nuevo a Dios, a quien se queja dolorido y humillado.

Isaías contempla la reacción divina, escucha asombrado esas palabras que revelan en parte la inabarcable grandeza de la misericordia divina. ¿Puede una madre olvidarse de su hijito?, pregunta Dios enternecido. Pues aunque todas las madres se olvidaran de sus pequeñuelos _hipótesis absurda_, Dios no se olvidaría de ti, ni de mí. Toda la carga de amor, toda la dulzura, todo el cariño de cuantas madres han existido y existirán, todo el cúmulo afectivo de la maternidad es algo nimio en comparación con el amor de Dios. Él sólo está esperando que le llamemos para acudir corriendo a nuestro lado. Él sólo necesita que le pidamos perdón para perdonarnos inmediatamente.

Parece imposible que el Señor se comporte así con nosotros. Pero más imposible parece que nosotros, siendo las cosas de este modo, no quedemos transidos de amor por Dios, atados para siempre a su inmenso cariño. Todo se explica porque Dios es Dios, y también porque el hombre es hombre. De todas formas, ese perdón y ternura maternal de Dios ha de removernos profundamente y empujarnos a serle cada día más fieles.

2.- DIOS Y EL DINERO.- En más de una ocasión expresa Cristo las condiciones tajantes que suponen su seguimiento. Sus exigencias están en la misma línea de amor exclusivo que exigía Yahvé en el Antiguo Testamento a su pueblo. No hay más que un solo Dios y Señor. El politeísmo de los pueblos vecinos era inadmisible para la religión yahvista. Jesús continúa esa revelación veterotestamentaria, viene a darle cumplimiento. Por eso insiste en que o se está con Él, o se está contra Él. Hay que decidirse.

Aquí nos habla el Señor del servicio al dinero. Podría parecer que son pocos los que realmente sirven al dinero, y que sucede lo contrario, es decir, que nosotros nos servimos del dinero y no le servimos a él. No obstante, cuando se pone al dinero en primer plano, se acaba por vivir sólo para ganar dinero, sin que nunca sea suficiente por mucho que se gane. Entonces se comienzan a sacrificar cosas al dinero: el tiempo, los sentimientos, la familia, uno mismo.

Jesús nos pone en guardia para que no caigamos en semejante aberración. El dinero tiene sólo una importancia relativa. Por encima de él se han de poner los valores del espíritu, la amistad, la honradez, la conciencia, el amor en sus múltiples manifestaciones, Dios en definitiva. Sólo así alcanzaremos la paz y la felicidad.

Hay que trabajar por supuesto, tratar de obtener cuanto necesitamos para llevar una vida digna. Pero siempre eso será un medio y no un fin. Por otra parte, hemos de vivir seguros de que Dios existe y que nos ama, que puede ayudarnos y nos está continuamente ayudando. Vivir confiados en la providencia divina, siempre ocupados pero nunca preocupados. Luchando con toda el alma, pero sin perder jamás la calma.

 

Fuente: www.betania.es

 

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