Meditación Lucas 5, 27-32: Sábado Despues de Ceniza. Ciclo A. 8 de marzo, 2014.

Posted on 7 marzo, 2014

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Meditación Lucas  5, 27-32: Sábado Despues de Ceniza.  Ciclo A. 8 de marzo, 2014.

Al reconocernos pecadores podemos recibir la misericordia divina, y comunicar ese amor divino a los demás

«Después de esto, salió y vio a un publicano de nombre Leví, sentado en el telonio y le dijo: Sígueme. Y dejadas todas las cosas se levantó y le siguió. Y Leví preparó en su casa un gran banquete para él; había un gran número de publicanos y de otros que le acompañaban a la mesa. Y murmuraban los fariseos y sus escribas decían a los discípulos de Jesús: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores? Y respondiendo Jesús, les dijo: No tienen necesidad de médico los que están sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a la penitencia». (Lucas  5, 27-32)

1. Hoy, Jesús invita al publicano Levi-Mateo a seguirlo. Y el pecador se levanta, lo deja todo y va en seguimiento de Jesús. Le ofrece un gran banquete para celebrar su conversión. San Mateo era antes un recaudador de impuestos, vendido a los romanos, hacía un negocio sucio, y era odiado: por ser un traidor del pueblo. El Señor lo miraría con cariño (una mirada de misericordia, que llena de esperanza), y le dijo: “Sígueme”. «No podía ser más sencilla la manera de llamar Jesús a los primeros doce: «ven y sígueme». / Para ti, que buscas tantas excusas con el fin de no continuar esta tarea, se acomoda como el guante a la mano la consideración de que muy pobre era la ciencia humana de aquellos primeros; y, sin embargo, ¡cómo removieron a quienes les escuchaban! / – No me lo olvides: la labor la sigue haciendo El, a través de cada uno de nosotros” (S. Josemaría, Surco 189).

«Y dejadas todas las cosas se levantó y le siguió.» Es la respuesta ante la transformación que Jesús provoca en algunas almas, en la nuestra, si le atendemos. Y Leví hace la fiesta. Le dicen “¿cómo es que comes con publicanos y pecadores?” y Cristo dirá: “no he venido a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan”, y es que los que se creen justos no se dejan salvar… Él es el remedio de nuestros males: todos andamos un poco enfermos y por eso tenemos necesidad de Cristo. Debemos ir a Él como el enfermo va al médico, diciendo la verdad de lo que le pasa, con deseos de curarnos: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Y el Señor actuará: “Quiero, sé limpio”. También dice: “Id y mostraos a los sacerdotes”, y vamos al sacramento de la penitencia, como nos dice el Catecismo, hablando de la confesión frecuente: «sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la iglesia. En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espiritual» (1458).

2. Nos dice Dios que nos portemos bien con los demás,. “Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: “¡Aquí estoy!”… tú serás como un jardín bien regado”, nos dará el Señor todo lo que necesitamos, si nosotros lo hacemos con los demás, si no los dejamos solos.

El profeta nos dice: «el sábado sea tu delicia», o bien, que «el Señor sea tu delicia». Pero por la caridad fraterna, desterrar la opresión y la maledicencia, partir el pan con el hambriento. Entonces sí, «brillará tu luz en las tinieblas y el Señor te dará reposo permanente» y te llamarán «reparador de brechas». ¿Aprovecho el domingo para dedicarlo a los que amo: mi familia, mis amigos, Dios? ¿Es la misa del domingo el núcleo y centro de toda mi semana? ¿Procuro asimilar la Palabra de Dios?¿Mi misa es un encuentro con Dios, un escuchar a Dios, una comunicación con El? ¿Es la cumbre de mi vida humana? Mi conducta, mis compromisos de toda la semana ¿quedan iluminados por mi misa dominical?  “Entonces, encontrarás tu «alegría» en el Señor… Serás como huerto bien regado… Como un manantial… Levantarás las ruinas… Edificarás”. Imágenes de expansión y de felicidad, de fecundidad y de vida. Siempre la misma idea: Dios no quiere el esfuerzo y el sacrificio por sí mismos. Dios quiere el sacrificio para el gozo y la alegría.

-“Que tu gesto no sea nunca una amenaza, ni tus palabras expresen maldades… Comparte tu pan con el hambriento… Colma los deseos del desgraciado”. Nos pide el Señor desterrar la maledicencia: no sólo la calumnia, sino el hablar mal de los demás propalando sus defectos o fallos; partir el pan con el que no tiene, saciar el estómago del indigente: poner suavidad y bondad en todas nuestras relaciones… estar atentos a los deseos de los demás… y a las necesidades de más necesitados…

-“Tales son las palabras del Señor”. ¿Cómo es posible que la cuaresma aparezca a muchos, hoy todavía, como un tiempo de restricción, de disminución, de menoscabo? (Noel Quesson). Dice San Gregorio Nacianceno: «No consintamos, hermanos, en administrar de mala manera lo que, por don divino, se nos ha concedido… No nos dediquemos a acumular y guardar dinero, mientras otros tienen que luchar en medio de la pobreza… Imitemos aquella suprema y primordial ley de Dios que hace llover sobre  justos y pecadores, y hace salir igualmente el sol para todos; que pone la tierra, las fuentes, los ríos y los bosques a disposición de todos sus habitantes; el aire se lo entrega a las aves y el agua a los que viven en ella, y a todos da con abundancia los subsidios para su existencia, sin que haya autoridad de nadie que los detenga, ni ley que los circunscriba, ni fronteras que los separen; se lo entregó todo en común, con amplitud y abundancia y sin deficiencia alguna. Así enaltece la uniforme dignidad de la naturaleza con la igualdad de sus dones y pone de manifiesto las riquezas de su benignidad».

Dicen que un joven iba por carretera en coche, cuando vio a una señora anciana, fuera de un coche parado, al lado de la carretera. Llovía fuerte y  oscurecía, y al verla necesitada, detuvo su coche y se acercó. La señora al verle vestido pobremente tuvo miedo, y el joven le dijo: “Estoy aquí para ayudarla, señora, no se preocupe. ¿Por qué no entra en el coche que estará mejor? Me llamo Renato”. Ella tenía una rueda pinchada y Renato la cambió… la mujer le contó que estaba de paso, y que se encontraba perdida en aquel lugar, sin saber qué hacer, y no sabía cómo agradecer la preciosa ayuda; preguntó qué podía pagarle. Renato respondió: “Si realmente quisiera pagarme, la próxima vez que encuentre a alguien que precise de ayuda, déle a esa persona la ayuda que ella necesite y acuérdese de mí”…

Algunos kilómetros después, la señora se detuvo en un restaurante más bien pobre. La camarera era joven, muy amable, le trajo una toalla limpia para que secase su cabello y le dirigió una dulce sonrisa… estaba con casi ocho meses de embarazo, le notó cierta preocupación en su cara, y quedó curiosa en saber cómo olvidaba sus problemas para tratar tan bien a una extraña, y le dio pena que trabajara hasta tan tarde, en esas condiciones. Entonces se acordó de Renato. Después que terminó su comida, se retiró… Cuando la camarera volvió notó algo escrito en la servilleta, en la que había 4 billetes de 500 euros… Leyó entre lágrimas lo que decía: – “Tú no me debes nada, yo tengo bastante. Alguien me ayudó hoy y de la misma forma te estoy ayudando. Si tú realmente quisieras reembolsarme este dinero, no dejes que este círculo de amor termine contigo, ayuda a alguien”. Aquella noche, cuando fue a casa, cansada, pensaba en el dinero y en lo que la señora dejó escrito… ¿Cómo pudo esa señora saber cuánto ella y el marido necesitaban de aquel dinero? Con el bebé que estaba por nacer el próximo mes, todo estaba difícil… Quedó pensando en la bendición que había recibido, y que últimamente estaba enfadada con su situación y que las cosas no iban bien con su marido; cambió su cara y dibujó una gran sonrisa… Agradeció a Dios y besó a su marido con un beso suave y susurró: -“Todo estará bien: ¡te amo… Renato!”

En la película “Cadena de Favores” vemos esta idea: un niño inicia un movimiento que sugiere que alguien haga un favor grande a tres personas; cada una de esas tres personas ayudará a otras tres, y así sucesivamente, hasta llegar a un nivel donde el se multiplican los favores y buenas intenciones y se logre mejorar el lamentable estado en el que está el mundo. El niño entonces ayuda a quienes más cerca están de él, sin darse cuenta del lío que va a organizar, como una gran ola de gente que le va a seguir. Uno se puede dejar contagiar de la agresividad que nos rodea, el “mal rollo”, o puede sembrar amabilidad. Uno puede ir a la suya, y construir su destino, o bien hacer el bien, y ayudar a todo el que te necesite. La vida es algo misterioso, y la historia de Renato sería una cursilada si no fuera porque experimentamos que en nuestras vidas muchas veces es realmente así… en la medida que hagamos a los demás, ellos harán con nosotros; la vida es un espejo… ciertas “casualidades” nos hacen ver que todo lo que uno da, ¡vuelve a  uno!  Es como si hubiera un espejo que funciona con lo que expresamos; si damos odio nos vuelve odio, si lo que damos a los demás es amor, también lo recibimos. ¿Siempre? Porque a veces parece que no recibimos lo que damos: en realidad lo recibimos siempre, pero de otro modo, pues el fruto más importante de nuestras acciones ya ha crecido en nuestro interior, aunque fuera no germine aparentemente; aunque no siempre se ven los resultados, aun así vale la pena. La regla de oro siempre es la del Evangelio: hacer a los demás lo que queremos que hagan con nosotros, sabiendo que hay más alegría en dar que en recibir.

3. «Enséñame tus caminos», pedimos al Señor en el salmo. La misericordia oprimido por todos esos males y buscando socorro en nosotros. “Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad.”

“Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor, / que a ti te estoy llamando todo el día; / alegra el alma de tu siervo, / pues levanto mi alma hacia ti.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente, / rico en misericordia con los que te invocan. / Señor, escucha mi oración, / atiende a la voz de mi súplica”.

 

Llucià Pou Sabaté

 

 Fuente: www.almudi.org

 

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